El presente del Rey David se contrapone con el aparente buen pasar del conjunto dirigido por Almeyda. Las lesiones y los problemas personales del francés terminaron signando una falta de actividad que se evidenció en el campo de juego. Ahora, hasta es duda para el Superclásico.

Atrás quedó aquel semestre en el que David Trezeguet se convirtió en el salvador de un equipo que no daba señales de reacción en la etapa final de la B Nacional. Ahora, en el inicio de esta temporada, en la que River parece no tener la imperiosa necesidad de ser salvado por su capitán, él tampoco muestra condiciones físicas ni anímicas de poder salvarlo.

Una tendinitis le impidió estar presente frente a Tigre, por la tercera fecha del campeonato, y también le impedirá estar contra Quilmes, pero además lo obligó a entrenarse de manera diferenciada en gran parte de las prácticas de cada semana.

Con lo que el Rey David terminó perdiendo en el aspecto físico y futbolístico, y pagando las consecuencias de ello dentro del campo de juego. Entonces, el ídolo pasó de ser fundamental para el equipo a perder presencia: sus apariciones resultaron cada vez más esporádicas, sus toques de primera ya no resultaron tan precisos como al principio y la ausencia de gol se tornó inevitable.

Tanto como sus viajes a Francia por cuestiones personales. El delantero tuvo que viajar previo a Arsenal y lo volverá hacer a solo unos días de recibir a Boca en el Monumental. Cosa que pondrá en riesgo su titularidad ante el eterno rival, justo en el momento en el que más lo necesitará todo River.

Sin embargo, aunque a los tumbos, Almeyda parece haberle encontrado la vuelta a un River que ya no depende exclusivamente de Trezeguet. Entre Luna, Mora y Funes Mori suplieron el volumen ofensivo que generaba el francés y se mostraron capaces de reemplazar a un capitán que arrancó la temporada a contramano del equipo.