(Mar del Plata – Enviados especiales) Aun con el control del partido, con un hombre más y arriba en el marcador, el equipo de Almeyda no supo aguantar el resultado y terminó resignando dos puntos valiosísimos en el Minella. Aldosivi se lo empató a cinco minutos del final con un tiro libre de manual…

Increíble. Cuando todo el Mundo River suponía que el triunfo ante Instituto serviría para alimentar la confianza del equipo y terminar de pulir el potencial que esconde entre tantas figuras, River volvió a convertirse en el peor de sus rivales.

En Mar del Plata lo tuvo absolutamente todo. Hasta lo pudo haber ganado con comodidad y holgura, porque fue el único protagonista del duelo a lo largo de 85 minutos: manejó la pelota, tuvo el control del partido y, si bien no logró ahogar a su rival como lo hizo con Instituto, casi no sufrió sobresaltos en defensa.

Incluso, fue paciente y no se desordenó cuando malogró jugadas de gol clarísimas, como la de Cavenaghi en el primer tiempo, ni se desanimó antes decisiones arbitrales insólitas, como esa posición adelantada que le cobraron al Torito o los mil penales que le permitió Lunati a los locales.

Pero después del gol del Chori Domínguez, aún con un jugador más por la expulsión de Briones, River se durmió, no aseguró el resultado, cometió infracciones absurdas en el borde de su área y lo terminó pagando caro, muy caro.

A solo cinco minutos del final, Aldosivi improvisó una pelota parada de manual: metió un centro frontal, un cabezazo abrió la pelota hacia el costado derecho de Vega (que salió mal), Zunino la devolvió al corazón del área y Gigli selló el empate inesperado en el Minella.

Ese empate que hizo añicos todo el esfuerzo realizado frente a Instituto y que terminó alejando nuevamente a La Banda del conjunto cordobés. Ahora hay tres puntos de distancia, Central se puede poner a tiro si gana mañana y solo quedan siete fechas por jugar. Pero lo más duro aún es que River, a esta altura del torneo, siga siendo su peor rival.