(Mendoza – Enviado especial) El equipo de Almeyda levantó un partido que desde el arranque nomás lo encontró 1-0 abajo. Con goles de Ocampos, Aguirre y Sánchez, el Millonario logró un 3-1 fundamental para que este plantel empiece a recuperar esa seguridad que tanto le hace falta. Atrás quedó Mendoza, faltan dos partidos menos.
El duelo frente a Independiente Rivadavia se empezó a jugar incluso antes que el debut contra Chacarita. La polémica que se desató en relación a la presencia de una parcialidad neutral en el Malvinas Argentinas alimentó de suspicacias y expectativas a un encuentro que -en los papeles- no significaba más que el primer cruce de River en la B Nacional en condición de visitante. Pero River todo lo revoluciona. Por eso, entre los tintes políticos, la ilusión del hincha riverplatense por no perderse este encuentro y los posibles incidentes que ello podría provocar, generaron que este partido se convirtiera en el centro de escena del fútbol argentino.
A tal punto que, aquí, en Mendoza, como en Buenos Aires, durante la última semana no se habló de otra cosa. De esa manera también quedó evidenciado en las boleterías, donde hinchas de Independiente y La Banda arrasaron con las 40.000 localidades disponibles. Por lo que el marco del remodelado estadio Malvinas Argentinas resultó todo un espectáculo desde dos horas antes de que se iniciara el encuentro. Tal como cuando River enfrentaba a Godoy Cruz o a Boca en los Superclásicos de verano, la mitad de las tribunas fueron bien millonarias.
Así que para las 19, cuando el equipo de Almeyda salió a la cancha, River contó con el respaldo de unos 20 mil hinchas que -pese a los exhaustivos controles policiales- se las ingeniaron para aportar algo de color con globos, banderas y bengalas rojas y blancas. Sin embargo, a los 8 minutos de juego, Ferradas irrumpió por el flanco derecho de la defensa millonaria y palideció la algarabía de La Banda. Es que en medio de este presente todavía difícil de asimilar, un simple 1-0 no invita a más que a presagiar lo peor.
Pero diez minutos más tarde, apareció el pibe Lucas Ocampos para plasmar en el marcador esa misma paridad que se notaba en la cancha, y que luego se fue desnivelando en favor del equipo de Almeyda. Entonces, a cinco del final del primer tiempo, Aguirre convirtió el 2-1 con el que terminó por envalentonar al Millonario. Y Sánchez fue el fiel reflejo de ello: pese a que promediaba el complemento, el uruguayo presionó como si recién arrancara el partido, robó una pelota en plena salida de Independiente y se mandó solo para sellar un triunfo trascendental en la intención del plantel por recuperar esa confianza que tanto le hace falta.