De la mano de un Caruso inspirado y con más garra que fútbol, el equipo de JJ López volvió a la victoria después de tres fechas. Aunque la clave estuvo en desesperar a un equipo rosarino que se llenó de nerviosismo y terminó con dos hombres menos. Así, La Banda logró un triunfo crucial para escapar de la pelea de abajo y volver a colarse entre el pelotón de arriba.
Lo dijo Almeyda y lo ratificó JJ López post fervor triunfal en el Monumental: fue un partido duro, peleado, entre dos equipos que no podían perder. Por eso, pese a que Newell’s llegaba golpeado y River disminuido por las lesiones de Pavone y Román, salieron a jugar -como decía el Cholo Simeone- con el cuchillo entre los dientes.
A no regalarse nada, a aprovechar el mínimo de error del rival para hacer la diferencia. Y así lo hizo River a los 34 minutos del primer tiempo, cuando una mala salida de la defensa visitante derivó en un rebote y en el gol posterior de Caruso para el 1-0. Y así también lo hizo Newell’s: apenas seis minutos después, mediante un ataque rápido que encontró a La Banda mal parada en el fondo, llegó el fierrazo de Sperdutti para igualar el encuentro en 1-1.
Entonces, el segundo tiempo fue pura incertidumbre. Daba la sensación que el que se volvía a equivocar, perdía, pero ninguno generaba peligro ni tampoco garantizaba seguridad. Hasta que a los 27 del complemento, Newell’s volvió a pifiar al momento de despejar una pelota y Caruso plasmó en la red todos esos gritos que venía acumulando en las prácticas de cada semana. Sí, fue el 2-1 del desahogo y de la victoria para el equipo de JJ.
Es que a partir de ahí, la Lepra entró en el juego de River, se desesperó y terminó con dos hombres menos por las expulsiones de Schiavi y Bieler, que no se bancaron tanto toque entre Lamela, Pereyra y Buonanotte. De esa manera, el Millonario terminó capitalizando una nuevo triunfo después de tres fecha de sequía y justo cuando más lo necesitaba. Para volver a recuperar ese aire que había logrado en la pelea de abajo y para volver a meterse en la discusión de los de arriba, aunque -por ahora- más no sea para molestar.
Imagen: La Página Millonaria | Guillermo Rusconi