No hubo presión, mejor equipo del campeonato ni Dybala que la pegara: River ganó el partido que tenía que ganar y acortó la distancia con Instituto a un solo punto. Trezeguet, siempre infalible, fue el autor del gol que hizo estallar al Monumental. Pero además, La Banda jugó bien y fue notablemente superior al conjunto cordobés. ¡Así da gusto, River!

“El peor rival de River es River mismo”. La frase, cierta como pocas, se repitió hasta el hartazgo en la semana previa al partido más importante de la temporada. Propios y extraños señalaban que el punto de inflexión del partido entre el equipo de Almeyda e Instituto estaría en la capacidad de los jugadores de La Banda por sobrellevar esa inefable presión que cargan sobre sus espaldas.

Esa que los hizo perder puntos claves, como los que perdieron frente a Defensa y Justicia, post derrota del conjunto cordobés ante Patronato. Sí, justo cuando tuvieron la oportunidad de adueñarse de lo más alto del campeonato. O esa presión que los llevó a ser un equipo completamente diferente, casi irreconocible, en comparación a aquel River altanero y prepotente que dio los primeros pasos en la B Nacional.

Ahí, entonces, radicaba la cuestión, en la presión. River podría salir airoso de este duelo solo si se superaba a sí mismo. Y el desafío, ciertamente, no resultaba para nada sencillo: en frente estaría el líder plagado de elogios al que le alcanzaba con empatar; y afuera, en las tribunas colmadas, la exigencia. Encima, apenas unas horas antes del inicio del partido, Central le echó más leña al fuego y generó aún más incertidumbre. River, tercero, afuera de la zona de ascenso directo.

Sin embargo, de entrada nomás, el equipo demostró que no se dejaría amedrentar y se dedicó a jugar. A ir contra un Instituto que, con sus reiteradas artimañas para hacer tiempo, no hizo más que denotar demasiado respeto por La Banda y temor de jugar. Fue así entonces que River se adueñó del control de la pelota y del partido, y se fue al vestuario con la sensación de que lo podía ganar. Solo le faltaba afinar la puntería.

Y para eso, quién mejor que Trezeguet. El francés encontró un rebote en el corazón del área, le pegó con lo que pudo y, a los diez minutos del complemento, hizo explotar el Monumental. Gol, victoria y presión… para La Gloria.