(Incluye galería) Más de 50.000 personas le dieron la bienvenida al riojano, que dirigió su último partido en el Millonario hace casi once años. Su llegada generó optimismo y expectativa de cara al Torneo Final.

Comenzó la jornada pensando en River y dando el ejemplo, en medio de un club en el que se habla de unidad y en realidad se encuentra completamente fragmentado. Al mediodía del domingo, Ramón Díaz atravesó los pocos metros que separan su casa de la de Matías Almeyda, en un barrio cerrado de Nordelta, y tuvo un gesto destacable para con un hijo prodigio del Millonario que tuvo que dejar su cargo envuelto en la polémica.

Allí, mates de por medio y bajo un clima de cordialidad total, habló con el otro Pelado sobre fútbol, el presente del club, el vestuario y las promesas. Y a la tarde fue hasta el Monumental para un reencuentro mucho más esperado: el suyo con el hincha de River, que se postergó incansablemente desde los inicios del 2002.

Cerca de las 16.40, el Pelado se dirigió a la puerta por la que generalmente ingresan los fotógrafos y las cámaras de televisión al campo de juego, y al dar los primeros pasos por debajo de la tribuna Belgrano fue recibido como un mesías. Custodiado por los históricos efectivos policiales del club, una infinidad de empleados de seguridad privada y trabajadores de prensa, generó la explosión de las más de 50.000 personas que fueron hasta Núñez para darle la bienvenida, más que para ver el encuentro contra Lanús.

“Oy oy oy, es el equipo de Ramón”, gritaron, a pesar de que el riojano asumirá formalmente el martes. Poco importó, el grito de guerra, de batalla conquistada, resultó inevitable. La gente le había ganado la pulseada a casi once años de conducciones ególatras. Y como preludio de lo que esperan que sea esta tercera etapa del Pelado como entrenador de La Banda, festejaron: “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano, de Ramón Díaz, todos la vuelta vamos a dar”.

Él, con su característica sonrisa, levantó los brazos en señal de agradecimiento y cariño mutuo. Ese cariño que volvió a quedar manifiesto una vez que el Pelado se ubicó junto a su hijo Emiliano en un palco de la Belgrano media: durante media hora y a pesar del arranque del partido, le llovieron camisetas, banderas y gorros sedientos de autógrafos. A todos, por supuesto, los respondió lleno de satisfacción y alegría. Aunque luego, para evitar que el caos fuera mayor, una vez que Rodrigo Mora convirtió el gol del triunfo ante Lanús, se levantó y se fue del estadio. La espera había llegado a su fin, el reencuentro ya se había dado.

Mirá las mejores fotos del reencuentro de Ramón con la gente.