River y su gente no tienen paz. Todo el alivio que lograron el sábado pasado, con la obtención del ascenso a Primera División, se esfumó de repente con una decisión que hizo sucumbir al Mundo River. Ayer a la tarde, mientras Fernando Cavenaghi participaba de un programa de televisión junto al Chori Domínguez, en la oficina presidencial del Monumental se decidía su salida del club.
Entre Daniel Passarella y Matías Almeyda le ponían punto final a su segunda etapa en River. Sí, entre el presidente y el técnico -con contrato renovado en mano- dejaron afuera del plantel al capitán, goleador y referente del equipo que devolvió a River a Primera. Al ídolo que decidió volver al club en el peor momento de la historia y resignándolo absolutamente todo por amor a la camiseta.
Al único jugador que surgió de la cantera riverplatense y que no tuvo ningún tipo de miramiento a la hora de regresar. Al que dejó el orgullo de lado y vino a golpear la puerta del Monumental para suplicar que lo dejaran ayudar. Al que viajó a Brasil primero y a Francia después para demostrar que si realmente se quiere, no hay contrato que impida el regreso a casa.
A ese mismo que se fue del club como goleador y campeón y volvió para hacerse cargo de una situación que, de no haber sido por su condición de hincha, le habría sido completamente ajena. A ese goleador que en su segunda etapa en el club convirtió 19 goles en 37 partidos y, pese a algún reclamo que pudo haber hecho puertas adentro del vestuario, jamás puso mala cara o hizo declaraciones negativas cuando le tocó ir al banco de suplentes.
Al mismo que hoy, sencillamente, echan como si fuera un perro. Porque más allá de las decisiones dirigenciales o técnicas, lo peor de todo fue la forma, el destrato y la falta de respeto total para con un jugador que lo dejó todo por la camiseta. “A Cavenaghi le avisará el club que no es tenido en cuenta cuando finalice su contrato. Yo sólo tengo que tomar decisiones”, declaró Almeyda por radio, con una actitud impropia de quien pregonó los códigos, el mirar a los ojos y decir las cosas de frente entre sus dirigidos. Incluso, hasta dio cátedra de ello ante la prensa.
¿Qué pasó en el medio? ¿Acaso Cavenaghi no merecía enterarse de su supuesta decisión técnica de otra manera? ¿River, después de tanto sufrir y a solo 72 horas de haber vuelto a Primera, no merecía otro desenlace? Cuál fue el motivo que derivó en esta desprolijidad, en este escándalo innecesario.
Por qué Almeyda fue tan riguroso con uno de los protagonistas del ascenso (“Quiero un equipo más rápido y agresivo”, dijo) y tan permisivo con otros estandartes del descenso, que continúan en el club solo porque son “importantes para el grupo”. Por qué Passarella dijo que firmaría el contrato que Cavenaghi quisiera y después volvió a esconderse en un comunicado de prensa.¿Por qué, Almeyda? ¿Por qué, Passarella? Preguntas del hincha para quienes parecen no saber lo que hacen. Perdonalos, Torito.
Reviví los 19 goles de Cavenaghi en su segunda etapa en el club
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