Bajo su gestión, le dio salida a cuatro jugadores muy queridos por el hincha. Gallardo, Ortega, Cavenaghi y el Chori Domínguez debieron abandonar el club en los dos años y medio que lleva como presidente. ¿Almeyda, el próximo?
Daniel Passarella siempre hace honor a su apodo. Lo hace al tomar cada decisión dirigencial por sí solo, minimizando al resto de su Comisión Directiva, y lo repite con cada ídolo que se le cruza por su camino lleno de soberbia y arrogancia. Ese mismo que transita creyéndose protagonista estelar de lo que en realidad es su propia fábula.
De ahí entonces que nada ni nadie pueda lograr mayor preponderancia que él. Así lo demostró con Marcelo Gallardo, cuando el Muñeco, que había vuelto bajo el mandato de Aguilar, el peor presidente de la historia, tuvo que pedir públicamente en enero de 2010 que la nueva gestión le renovara su contrato vencido.
La renovación llegó, por supuesto, aunque porque Passarella quiso evitar otro foco de incendio en un club que estaba en llamas y al que había desembarcado por apenas tres votos de diferencia. No quiso inclinar la balanza tan abruptamente. Pero sí hubo un tirón de orejas en privado para el Muñeco, y el jugador, seis meses más tarde, terminó decidiendo su salida de Núñez: se fue para salir campeón con Nacional de Montevideo, mientras que en River se quedó Rodrigo Rojas.
Luego llegó el turno de Ariel Ortega. El Burrito regresaba de uno de sus tantos préstamos a un equipo que debía afrontar la B Nacional en el peor momento de su historia, pero se encontró con un llamado de Almeyda y una propuesta para integrarse al cuerpo técnico que disgustó por completo al último ídolo riverplatense.
Claro que en este caso la decisión mancomunada de Passarella y Almeyda no despertó grandes críticas en el hincha. Es que a pesar del cariño incondicional de la gente para con el Burrito, todo el Mundo River fue consciente de que lo peor que se podía hacer con el jujeño era continuar apañándolo en un club que además lo sobredimensiona todo. Lo que sí se cuestionó fue la falta de comprensión y ayuda que hubo (o no hubo, mejor dicho) de parte del presidente para con Ortega.
Y ahora, después de este regreso tan ansiado a Primera División, los que cayeron en desgracia fueron aquellos dos jugadores que volvieron al club producto de la presión mediática que ejercieron, porque si hubiera sido por Passarella, jamás habrían regresado. Cavenaghi y el Chori pasan a engrosar esta lista de destrato al ídolo del club, de la que también formaron parte el Beto Alonso, Ramón Díaz y el Tolo Gallego, producto de la arrogancia y la soberbia que conducen al club.