La fiscalía de Saavedra ordenó un nuevo allanamiento en River como consecuencia de las irregularidades que se produjeron durante el Superclásico. Casi 20 días después, la Justicia busca pruebas en el lugar de los hechos…

El fútbol argentino parece destinado a sufrir la interminable apariencia de funcionarios y dirigentes. De aquellos que rara vez trabajan con la finalidad de evitar cosas como las que pasaron anoche en la cancha de Independiente o como las que se produjeron en la popular visitante del Monumental en pleno River-Boca.

No les interesa, no les preocupa trabajar en serio sobre ello. O lo que es peor, en algunos casos no les conviene. Pero sí hacen toda la pantomima mediática de allanar estadios, prohibir banderas, restringir las capacidades de las tribunas, limitar el público visitante o jugar los partidos a puertas cerradas.

En eso sí que son expertos, son la élite de la prevención en canchas vacías y medidas absurdas. Como la que sufrió River esta mañana, luego de que el fiscal José María Campagnoli ordenara el allanamiento del Antonio Vespucio Liberti para determinar cómo ocurrieron las irregularidades que se produjeron durante el último Superclásico, el 28 de octubre pasado.

Casi 20 días después, los inspectores dirigidos por la Fiscalía de Saavedra recorrieron la tribuna Centenario alta, donde se ubicó la hinchada de Boca, y luego pasearon por diferentes oficinas del club con la intención de dilucidar cómo fue que un chancho gigante se infló en pleno Monumental…

Porque lo importante es el inflable, no la golpiza que sufrieron los agentes de seguridad privada ante la vista y cámaras de todo el mundo. De ello no hace falta un responsable, como tampoco hace falta responsable de que un grupo de barras haya ingresado un sinfín de bombas de estruendo para tirárselas al arquero rival. No, sobre eso mejor no investigar, pero con el chancho -parece- hay que ir hasta las últimas consecuencias.