River golpeó en el momento justo y terminó doblegando a un rival que fue a Huracán a jugar el partido más importante de su historia. Así lo demostró presionando en todos los sectores, pero los goles de Ocampos y Sánchez fueron clave para desinflar a los sanjuaninos y para que el Millonario sume su tercer triunfo consecutivo. Atrás quedó el primer papelón sin público, faltan 35 fechas.
En la semana, mucho se habló sobre el marco que tendría este partido entre River y Desamparados de San Juan. Con público, sin público o con las pantallas gigantes desde afuera de la cancha. Esas fueron las alternativas que polarizaron la previa de este encuentro. Incluso, se recordó hasta el hartazgo aquél 7-0 que hasta ayer signaba con exclusividad el historial entre el Millonario y el Víbora.
Pero poco y nada se habló de este equipo sanjuanino recién ascendido a la B Nacional. Apenas hubo algunos análisis de ocasión sobre este rival seguramente desconocido para el común del hincha de River. Y la verdad es que, después del 3-1 de anoche en Huracán, no se puede obviar que el conjunto dirigido por Marcelo Bonetto fue el que más complicó a La Banda en estas tres primeras fechas de su doloroso paso por el Ascenso.
“No es el partido más importante de nuestra historia, habría tenido mayor dimensión si se jugaba en la cancha de River y con su gente”, declaró Bonetto, previo al encuentro. Pero sus jugadores demostraron lo contrario: salieron a jugar como si fuera la final de sus vidas, sin regalar absolutamente nada. Inteligentes, no dejaron escapar al Chori Domínguez, presionaron en la mitad de la cancha para que Aguirre no tomara vuelo e hicieron lo que pudieron con Sánchez y Ocampos. Sí, lo que pudieron, porque de haberlos controlado, otra habría sido la historia.
A tal punto, que River logró llegar al arco rival a los 35 minutos del primer tiempo y gracias a un pase magistral del uruguayo a Aguirre, para que el pelado metiera el centro y Ocampos marcara su segundo gol en Primera, otro más de cabeza. Y diez minutos después, el que armó la jugada magistral fue el pibe Ocampos: desbordó por izquierda, enganchó, aguantó que sus compañeros llegaran al área y metió un centro bárbaro para que Sánchez -como no podía ser de otra manera- sellara el 2-0 con el que La Banda se puso en ventaja casi sin merecerlo.
Recién en el complemento, con el desvanecimiento del equipo sanjuanino, la aparición del Chori Domínguez y una noche notable de Sánchez, River pudo generar algo de fútbol. Así fue como llegó el 3-1 y la gran cantidad de remates que reventaron el arco de Giordano, el hincha cónfeso de La Banda. Pero recién ahí y gracias a la tranquilidad que le dio esa ráfaga de efectividad sobre el final del primer tiempo.