River mantiene una solidez defensiva y un equilibrio constante, pero en ofensiva se reflejan carencias notorias y Mariano Pavone, el único delantero neto, debe luchar demasiado y en inferioridad numérica.

Por un lado, hay que destacar la fortaleza defensiva que se ha construido desde la llegada de Juan José López al equipo, algo que venía siendo una complicación clara en los últimos años. River no ha recibido goles en lo que va del torneo y la línea de tres defensores parece entenderse cada vez mejor. Además, la solidaridad de los cuatro del medio ayuda y es vital para acrecentar el poderío en este sector.

Sin embargo, estos buenos resultados en defensa van aparejados de una debilidad ofensiva que en algunos encuentros se torna alarmante. Mariano Pavone, único delantero neto ante la ausencia de Funes Mori, se encuentra en desventaja en cada jugada, ante más de un rival que lo aparea y esto conlleva la posterior pérdida del balón, en la mayoría de los casos.

Se podrá decir que la frescura y verticalidad de Lamela y Lanzini reemplaza la figura de un segundo atacante, pero cuando estos chicos, encargados de la creación, no tienen un buen día y desaparecen entorno a la elaboración del juego, el equipo se aprecia completamente partido y se recurre continuamente a los pelotazos largos para Pavone, que casi siempre debe recibir de espaldas.

Sin dudas, son aspectos para seguir corrigiendo a lo largo de los partidos. Siempre es bueno contar con un abanico de variantes y no cerrarse en una postura esquemática rígida que impida la formulación de cambios. Y hay que aprovechar mientras los resultados sean favorables, momento en el que es mucho más favorable hacerlo.

Imagen: FotoBaires.