(Incluye galería) Almeyda dirigió su último entrenamiento como técnico de River. Luego, se despidió de los jugadores a los abrazos, brindó una conferencia de prensa y les pegó a los dirigentes. Cientos de medios siguieron su salida de Núñez en vivo.
Fueron casi 24 horas de trajín que su rostro denotó haber vivido en continuado, sin relajo ni descanso de por medio. El martes, el llamado de Diego Tunes a su preparador físico, Alejandro Kohan, resultó el puntapié inicial de una jornada tan maratónica como agobiante, repleta de llamados, decisiones, dimes y diretes.
Tan extenuante resultó, que el Pelado pasó de posicionarse en pie de guerra contra quienes querían darle salida (“Me van a tener que echar”, juraba en la madrugada del miércoles) a dejar la casa de Passarella junto al presidente y con una sonrisa. Claro, las horas, el cansancio, ya habían hecho lo suyo.
Entonces, ya “consensuada” su salida, solo quedó presentarse ante el plantel para despedirse. Ni siquiera mantuvo firme su intención de despedirse de la gente en el Monumental. Ya no podía. Por lo que a las 17.04 se encerró con los jugadores en el vestuario del predio de Ezeiza y durante más de media hora el hermetismo fue total. Hasta Passarella quedó puertas afuera de la reunión durante el tramo final de la misma.
Y después llegó el momento de disfrutar su última práctica como entrenador: un loco entre el cuerpo técnico, algunos juegos con sus ya exdirigidos y una sonrisa que solo pudo opacar la emoción que lo atrapó al saludar a cada uno de los jugadores. Todos, desde el más cercano, como Ponzio, el Keko o Arano, hasta el que se demostró más distante en este último tiempo, como Lanzini, lo despidieron con un abrazo.
Para el final quedó el paso por la nueva sala de conferencias del predio, que lo recibió abarrotada de medios (12 móviles en vivo, 30 cámaras y 100 periodistas) y por última vez como técnico de La Banda.
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