Con 14 tantos en 18 presentaciones, el promedio de gol es muy pobre y representa el principal problema de River en la lucha por evitar la Promoción. Lo grave es que tan sólo tuvo cinco remates contra Estudiantes de La Plata.
Iban cuatro minutos de juego cuando Carlos Arano vio un hueco y decidió sacar un zurdazo desde 30 metros. Agustín Orión contuvo la pelota sin problemas, lo mismo que ocurrió seis minutos después con el derechazo de Leandro Caruso, también desde afuera del área. No se trató de simples intentos aislados, sino del único recurso empleado ofensivamente en la cancha de Quilmes.
A River no se le cayó una idea para llegar con claridad al área de enfrente. Los cinco tiros de la tarde fueron desde afuera, un síntoma contundente de que al equipo le cuesta concretar una acción colectiva y, en consecuencia, hacer un gol. Erik Lamela también buscó a través de un zurdazo, pero el balón se fue muy arriba. Distinto fue el escenario que se le presentó a Manuel Lanzini, cuando Caruso lo dejó mano a mano con Orión: el volante ofensivo lo eludió, pero nadie llegó para ofrecerse como opción de pase.
¿El gol? Llegó a los dos minutos del complemento: Paulo Ferrari aprovechó que la pelota derivó en su posición y sacó un zurdazo sorpresivo para obtener la ventaja. Sin embargo, Estudiantes marcó el 1-1 y desde entonces el único tiro visitante fue de Mariano Pavone, mediante un derechazo tan débil como desviado… El domingo anterior, frente a Colón, la producción en ataque también había sido pobre: nada más que ocho remates, mientras que Olimpo y San Lorenzo fueron siete y cinco, respectivamente.
Si el conjunto de Núñez hubiera marcado aunque sea cinco goles más, el panorama sería completamente diferente. Por supuesto que ya no hay marcha atrás, pero es un fiel reflejo de lo que causó la falta de gol durante todo el campeonato, especialmente desde que River perdió ante All Boys. Además, en los encuentros posteriores disminuyó la cantidad de situaciones creadas y los remates de media distancia se transformaron en una herramienta tan recurrente como ineficaz, debido a la escasa puntería.
Treinta y dos partidos pasaron desde que Diego Buonanotte marcó desde afuera del área contra Vélez, en Liniers, hasta que Ferrari sorprendió en Quilmes. Eso significa que más allá de las intenciones, no hay un especialista en la materia. Tampoco aparecieron los cabezazos de Adalberto Román y tanto Caruso como Pavone acumulan cuatro conquistas. El problema no es nuevo, pero últimamente quedó acentuado y, teniendo en cuenta que la solidez defensiva caracteriza a River, ese déficit encabeza la lista.
Dos veces dos
River sólo marcó dos tantos en las victorias sobre Huracán y Newell’s -los equipos más goleados del certamen-, en la segunda y séptima fecha, respectivamente. Es una muestra significativa de que un gol rival lo deja prácticamente sin chances de conseguir los tres puntos.