Pasó casi desapercibido. Ortega había hecho delirar a miles de almas millonarias y él casi que pasó desapercibido paratodos, menos para él mismo. Matías Jesús Almeyda, el León de Azul, se volvió a calzar la camiseta de River y lo disfrutó tanto o más que el Keko Villalva.

“Lo que viví hoy en la cancha nunca me pasó en mi vida, fue increíble”. Eso dijo el Pelado apenas finalizó el encuentro. River necesita más jugadores así, veteranos o no, que se emocionen con esta camiseta, con el revoleo de remeras ycon el canto sostenido cuando la ilusión se viene abajo.

Jugó poco, menos de diez minutos. Pero cómo los disfrutó. Se reía, gesticulaba, actuaba, ordenaba al limitadísimo Paniagua y se tiraba al piso, y raspaba, claro, sino no sería el ovacionadoLeón de Azul, el mismo que le hundió el arco de Figueroa Alcorta a la Universidad de Chile en la Semifinal de la inolvidable Copa Libertadores de 1996.

Otro dato que lo pinta de cuerpo entero es la amarilla. Está en estado físico, pero le falta timming, algo lógico. Por eso se ganó la tarjeta y ni protestó. Igual, lo que vale, es que se tiró de cabeza. Que esas ganas, ese fuego no lo perdió.

No hizo un gol, no le hizo falta. Lo suyo es raspar, poner todo, emocionarse con la camiseta. Eso sí lo hizo. Y eso que jugó menos de diez minutos, eh.

Imagen: La Página Millonaria