(Incluye galería de fotos) Eso fue lo que resumió el aplauso a Gallardo en su regreso al Monumental. Más de cien socios lo ovacionaron al final de cada amistoso, para hacerle saber que el cariño -con o sin despedida de por medio- se mantiene inalterable.
Llegó al club con once años y la ilusión de triunfar en Primera. Con la ambición de llegar, convertirse en ídolo y retirarse como tal, con todo un Monumental coreando su nombre. Como lo deben anhelar hoy los cientos de chicos que integran las Inferiores de River. Básicamente, porque así lo indica “el sueño del pibe”, y así debe ser. O al menos, en el caso de Marcelo Gallardo, así debió haber sido.
Pero por esas cosas que tiene el destino, y en particular la idiosincrasia de aquellos que hacen del orgullo y la testarudez un estilo de vida, la última vez del Muñeco en River quedará enmarcada por la ausencia del aplauso final. Peor aún, se retiró del fútbol en medio de la ovación que bien le supo brindar un público de extraños, que en apenas un año aprendió a valorarlo y respetarlo.
En cambio, desde la conducción actual de River no recibió más que destrato. Aquél que lo hizo debutar con tan solo 17 años fue el mismo que no apareció -vaya uno a saber por qué- en el último día de su carrera. Ni siquiera un llamado de ocasión en nombre de la institución a la que representa. Nada. Así como ocurrió a principios de 2010, cuando el Muñeco se presentó a entrenar sin tener contrato y tuvo que pedir a través de los medios que algún dirigente se le acercara para renovarlo…
De esa manera se trató al Muñeco Gallardo durante su última etapa en River, con una frialdad y distancia que no se condice con lo que él significó para el club ni con el cariño que siempre le profesó el hincha. Ese cariño que ayer le volvió a manifestar el centenar de socios que presenció el amistoso frente a su Nacional de Montevideo. No fue la despedida que tanto le prometieron y nunca le propusieron, pero al menos bastó para que tenga presente el agradecimiento eterno de la gente.
ASI FUE EL REGRESO DEL MUÑECO AL MONUMENTAL