Almeyda fue elegido por los hinchas como el jugador-emblema de un River que atravesó la crisis más dolorosa en sus 110 años de historia. Por el esfuerzo, las ganas y por poner el pecho en el momento más difícil de todos, el hoy técnico se impuso aun por sobre Cavenaghi, otro ídolo en ascenso.

Se alejó del fútbol profesional agobiado por un ambiente con el que jamás se sintió cómodo y, después de tres años de retiro, sumado a un breve paso por Fénix, deslumbró a todos los ex-jugadores con los que despuntaba el vicio en el Torneo de Veteranos, defendiendo a La Banda. Fue así como el 30 de agosto de 2009, con 36 años y casi trece temporadas después de aquella despedida previa a emigrar al fútbol español, volvió a vestir la camiseta de River.

“Regalé años de felicidad”, confesó días después de ese nuevo debut, frente a Chacarita. Es que en Núñez volvió a sentir el cariño de su gente. Dejó de ser un león triste, como lo dibujó una de sus hijas en la escuela, para reconvertirse en el dueño del mediocampo que fue siempre. Para volver a sonreír, a sentirse útil, como él mismo lo reconoció.

Pero por esas que tiene el fútbol, y en particular esta última década de River, su regreso estuvo lejos de ser un sueño. Por el contrario, se asemejó más bien a un una pesadilla: al Pelado le tocó ser capitán y referente del plantel que se fue al descenso. Le tocó padecer el peor de los males que puede sufrir un futbolista y justo con la camiseta de sus amores.

Sin embargo, seis meses después de aquel fatídico 26 de junio, los hinchas lo reconocieron como el jugador-emblema riverplatense en el peor año de su historia. A través de una encuesta de La Página Millonaria, la gente lo destacó aun por encima de Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez, que resignaron millones de euros para volver a defender a la camiseta en la B Nacional, o por encima de las últimas grandes apariciones que surgieron de la cantera millonaria, como Erik Lamela y Lucas Ocampos.

Por volver, por arriesgar el cariño con el que se lo recordaba. Por su sacrificio, por sus ganas. Por meter e ir para adelante como un hincha más. Por pedir jugar cuando no podía jugar. Por transmitir amor por la camiseta dentro y fuera de la cancha. Por aquel beso al escudo en la Bombonera y de cara a la hinchada de Boca. Por esa mirada perdida detrás de los carteles de publicidad, un instante después de que Farré sellara el empate para Belgrano en el Monumental. Por las lágrimas posteriores en el vestuario y por ese impulso de madrugada que lo llevó a levantar el teléfono para decirle a Passarella que quería ser el técnico de River en la B Nacional. Por eso y mucho más, Matías Almeyda fue el emblema de los hinchas de River en el año más doloroso de su historia.

Así votaron los hinchas en La Página Millonaria: