No esla primera vez que unequipo de Gallardopierde el partido de ida de una serie copera jugando en casa. Pasó contra Cruzeiro en la Libertadores 2015, y también frente aHuracán en la Sudamericana de ese mismo año. Y en ambos casos se repitió el resultado de anoche ante Gremio.
Tampoco es la primera ocasión en que nos queda la sensación interna de que el Más Grande tieneuna especie de hazaña por delante, y que el DT desde sus convicciones y desde el poderío de su plantel apuesta al optimismo pleno.
Aquel traspiécontra Cruzeiro era muy complejo de remontar en tierras brasileras. YRiverno sólo apabullóal rival de principio a fin, sino que además coronó la mejor actuación de visitante de toda su historia.Pero en lo que respecta a los niveles de los equipos claramente este Gremio se muestra como una alineaciónmucho más sóliday plagadade oficio, por eso en la previa es una batallamás durade superar.
Inclusive parece más compleja cuando se la compara también con resultados adversos que fueron más abultados, como por ejemplo aquel 0-3 ante Wilstermann en la Libertadores pasada. Si bien es cierto que era un reto durísimode pies a cabeza, River había tenido situaciones muy claras en Bolivia y el factor de la altura claramente había achicado las distancias de jerarquía que había entre un equipo y otro. Eso, sumado al hechode jugar la revancha en casa, lo hacen ver como una pizca menos difícil que lo que viene el próximo martes.
“Que la gente de Rivercrea que podemos dar el batacazo en Brasil, porque tiene con qué creer en este equipo” Fueron las palabras de Gallardo post partido. ¿Y cómo no ilusionarse en que se puede, por más difícil que sea? ¿Quién mejor que el Muñeco para seguir superándose a si mismo y escribiendo páginas inolvidables? Ninguno.
