River pasó del 3-3-2-2 inicial a un 3-3-1-3 en el segundo tiempo. Juan José López sacó a Manuel Lanzini y Diego Buonanotte para poner a Mariano Pavone y Gabriel Funes Mori. La jugada del 1-1 tuvo la participación de Leandro Caruso y los dos delanteros mencionados, pero la acumulación no fue positiva.
El técnico de River traicionó el equilibrio que siempre pregonó y en el complemento realizó dos variantes inéditas desde que asumió, dejando atrás la premisa de sumar varias piezas desequilibrantes para llegar con claridad. Buonanotte y Lanzini no habían aportado demasiado. Ninguno de los dos logró acoplarse al circuito que proponía Erik Lamela y, en consecuencia, JJ López entendió que lo mejor era cambiar el rumbo para los 45 minutos restantes.
Pero la elección del técnico resultó tan sorpresiva como equivocada: River pasó de la prolijidad -aunque carente de velocidad- a la vorágine de mitad de cancha hacia adelante, resumiendo los avances a pelotazos o destellos individuales. El mediocampo quedó conformado de la misma manera que en el comienzo (la única variante se produjo cuando Roberto Pereyra reemplazó a Paulo Ferrari), pero en los metros finales hubo una acumulación de puntas con caracteríticas similares.
Caruso y Pavone partieron por derecha e izquierda, respectivamente, mientras que Funes Mori fue el centrodelantero definido. ¿El balance? Negativo. River perdió elaboración y Lamela no tuvo socios que lo ayudaran en la generación. De todas formas, Funes Mori y Pavone armaron la jugada que terminó con el derechazo de Caruso para el 1-1, a los 36 minutos del segundo tiempo. Se trató de la única acción con la intervención de los tres, pese a que anteriormente el Tanque le había enviado un buen centro al goleador millonario. El resto de los intentos se diluyó porque los atacantes tuvieron que rotar en el retroceso para sumarse a los volantes, razón por la cual se produjo un desorden total.
¿Por qué cambió drásticamente la idea de JJ López? ¿Era necesario que hiciera dos modificaciones juntas? Los interrogantes son muchos, pero lo cierto es que River estuvo más cerca de quedarse con las manos vacías que de obtener los tres puntos y el técnico pasó de la especulación en Bahía Blanca a la acumulación de delanteros en Núñez. Quizás decidió salir a matar o morir, aunque el camino elegido no pareció el más acertado, teniendo en cuenta las dificultades que provocó.