Trezeguet volvió a disfrazarse de héroe para salvar al equipo de Almeyda en otra de las finales que le quedan a La Banda en su intención por regresar a Primera. Contra Gimnasia de Jujuy, el francés vulneró a la defensa rival en la única jugada clara que tuvo y selló el gol de la victoria. Así, River se volvió a poner a un punto de Instituto.

Da la sensación de que cada fin de semana se repite la misma historia: River tan protagonista y dominador del juego como incapaz de quebrar a su rival, que lo espera herméticamente parado atrás. Centro va, centro viene y el gol que no aparece. Encima, por momentos, el equipo de Almeyda demuestra no tener mejor herramienta que esa, el centro ‘a ver qué pasa’.

Entonces, los minutos se van consumiendo y el primer tiempo se esfuma sin novedades en el marcador, y junto a ellos, aumenta la intensidad de los nervios. Esos que se trasladan inevitablemente al campo de juego desde el pitazo inicial del encuentro. ¿Están mal, están bien o benefician en algo al equipo? Seguramente no, pero cómo pedirle tranquilidad, paciencia o mesura a esa gente que atraviesa el peor año de su vida, de su historia.

Mientras algunos le imploran a cuanto santo se le cruza por la cabeza, los pasillos de cada platea se convierten en un ir y venir de hinchas mancomunados en un peregrinaje de desesperación. Hasta que aparece el gol salvador y el Monumental explota en un desahogo cada semana mayor, producto de una angustia que se acrecienta fecha a fecha.

Es inevitable, River va a los tumbos y pierde puntos hasta cuando lo menos lo merece. De ahí entonces, de esa incertidumbre, que cada gol se grite con alma y vida. Como lo gritó David Trezeguet anoche, después de recibir un centro magnífico del Chori Domínguez y meter un frentazo muy típico de su inagotable capacidad goleadora. Ese grito con el que el francés volvió a disfrazarse de héroe para poner otra vez a River a un punto de Instituto de Córdoba cuando restan apenas seis finales de esta pesadilla interminable.