Todavía quedan algo más de 90 minutos para revertir la historia, por eso los 11 protagonistas que defenderán la camiseta de River desde el comienzo tienen que ser capaces de darse cuenta por qué llegaron al club más importante de la Argentina. Si no se acuerdan, La Página Millonaria se los cuenta.

Lo fue a buscar el Pato Fillol, un verdadero grande del arco en la historia del fútbol mundial. Lo eligió el Checho Batista para ser el número uno en la Copa América. Sin dudas que se trata de Juan Pablo Carrizo, el mejor arquero del país, capaz de sostener el cero en su arco durante 11 partidos en la vuelta olímpica del Torneo Clausura 2008. ¿Y qué se puede decir de Jonatan Maidana? Empezó su carrera en Los Andes, vistiendo las famosas mil rayitas en la B Metropolitana. Supo llegar a Primera División en la vereda de enfrente, obtuvo títulos allí, llegó a la Selección Argentina y, pese a su pasado, se ganó el respeto de los hinchas de River y ganó un Superclásico.

Si de sacrificio, orgullo y amor propio se escribe esta historia, es imposible no mencionar a un verdadero gladiador de la vida como Alexis Ferrero, quien también dio sus primeros pasos profesionales en la tercera categoría. Conoce de batallas en terrenos sin pasto, en contextos muy difíciles y llegó a la máxima categoría con la casaca de Tigre, en aquella tarde complicada de Mataderos, donde él y sus compañeros vieron un revólver, con la amenaza de que un triunfo iba a desencadenar un caos. Sin embargo, fue al frente, eludió el miedo natural que hubiera tenido cualquier ser humano y, dos años después, arribó a Núñez para seguir creciendo.

Juan Manuel Díaz completa la defensa. El uruguayo llegó en silencio a Estudiantes de La Plata. Allí, levantó la Copa Libertadores y, a fines de 2009, se encargó de anular nada más y nada menos que a Lionel Messi, además de enviar el centro del primer gol. ¿Le hace falta algo más a su currículum? Distinta es la situación para juveniles como Facundo Affranchino, Ezequiel Cirigliano y Roberto Pereyra. Tal vez no cuente con los pergaminos o la carrera ascendente de los demás casos, pero se probaron en las Divisiones Inferiores de River y, antes de eso, no anduvieron paseando por varios clubes. ¡¿Es necesario decirles que se ganaron legítimamente la banda roja?!

El volante restante es Walter Acevedo, cuyo porcentaje de aciertos para los pases es muy elevado. Perdió la titularidad hace unas semanas, pero la camiseta de River es la tercera que viste en un club grande (fue campeón con San Lorenzo). Unos metros adelante, estará Erik Lamela. Cuatro goles oficiales, una zurda exquisita, una pegada privilegiada y facilidad para dejar a varios adversarios en el camino. Vale millones y se pelean por él. Un crack que por ahora no conoce su techo y lo suficientemente atrevido como para pedir la pelota en momentos calientes y provocar un sinfín de faltas de sus rivales, esos que no experimentaron la sensación de tener 60.000 almas en las tribunas de enfrente y que, en algunos casos (Juan Carlos Olave, Ribair Rodríguez, César Pereyra), tampoco supieron seguir sus carreras en la elite.

Implacable. Ese es el término adecuado para definir a Leandro Caruso, un delantero que muy pocas veces falla en el área de enfrente. Debutó en la B Nacional, con los colores de Arsenal. Pasó varios años en el Ascenso y en clubes de poco calibre en el exterior. Triunfó en Godoy Cruz, subió a Primera, fue figura, estuvo en Vélez y pisó el vestuario Angel Labruna hace apenas un año. Contó con pocas chances, pero en los últimos tiempos hizo varios goles y ya no genera desconfianza entre los hinchas. Lo acompañará Mariano Pavone, quien sabe lo que es pelear contra los defensores, luchar cada pelota hasta el final y hacer goles determinantes. Si ahora no está en plenitud, que repase el video de aquel golazo que enmudeció a los hinchas de Boca y le dio un título a Estudiantes. Es un gran goleador y en unas horas podrá ratificarlo.

¿Hace falta seguir repasando la carrera de cada uno? Seguro que no. Todos ellos deben despertarse y confiar en sus condiciones. Sumaron varios puntos al principio del semestre, lograron que River se hiciera un equipo tan sólido como aguerrido y ahora, más que nunca, deben recuperar esa mentalidad ganadora. Llegaron a Núñez porque fueron mejores que miles de futbolistas, porque tuvieron convicción, actitud y empeño para conseguirlo. Esa misma convicción, actitud y empeño a los que tendrán que apelar para que cada balón dividido sea suyo, para que cada acción detenida los encuentre cabeceando antes que los rivales. Del otro lado estará el mismo sentimiento, pero si ustedes visten la banda roja y ellos una camiseta celeste es porque evidentemente ustedes están más capacitados para imponerse en cada acción.

Nadie les regaló el lugar en la cama donde dormirán esta noche, enel Monumental; la última noche, antes de la gran batalla. Que mañana, cuando vuelvan a apoyar sus cabezas en una almohada, puedan hacerlo en paz, con la satisfacción de que cumplieron con su deber y, una vez más, demostraron que son superiores al resto; en este caso, a los jugadores de Belgrano. Con orgullo, amor propio y, por sobre todas las cosas, con esas virtudes que les permitieron llegar al club más importante de la Argentina, ese al que tendrán que volver a poner de pie, como hace 15 años exactos ocurrió con otro plantel (integrado por Matías Almeyda) en la obtención de la Libertadores. Aquella noche en la que el recibimiento fue extraordinario y un 2-0 provocó un festejo enorme, el mismo resultado que se necesita mañana.