(Incluye galería de fotos) Basta con presenciar los entrenamientos de River para comprender que Cavenaghi no miente cuando manifiesta públicamente que el plantel está muy conforme con el cuerpo técnico y con el grupo que se armó. Es que esta versión de Almeyda DT mantiene aquella premisa con la que el Pelado volvió a jugar: “disfrutar del trabajo”, y así lo propone en cada práctica.

El entrenamiento del miércoles a la tarde en el Monumental arrancó bajo las órdenes de Alejandro Kohan, que impuso movimientos físicos con pelota, y continuó con una jornada cargada de tareas tácticas. Esas con las que Matías Almeyda buscó optimizar tanto el aspecto ofensivo como el defensivo y fundamentalmente trabajar la salida del equipo desde el fondo.

No hubo arquero o defensor que pudiera reventar la pelota, mientras sufrían la presión de dos o tres delanteros. Fueron prácticamente dos horas de trabajo a pleno, que apenas fue interrumpido para que el Pelado diera indicaciones o el profe Kohan hiciera elongar a los jugadores.

Pero una vez finalizados los trabajos del día, Carlos Roa y algunos ayudantes plantaron un arco en la mitad del Monumental, para que el plantel disputara un picado informal, distendido, como acostumbra a organizar el actual cuerpo técnico desde la pretemporada en Chapadmalal.

Con Almeyda en el rol de árbitro, algunos jugadores no quisieron ser menos. El Keko Villalva paró su diminuta fisonomía bajo uno de los arcos, mientras que Nico Domingo se encargó de defender el otro. ¿Y los arqueros? A atacar. Vega se convirtió en un goleador frustrado. Después de perder una serie de penales con Chichizola, el Indio se tuvo que bancar que el Keko le ganara en las alturas y le descolgara todos los centros.

Y el otro fue Jonatan Maidana. Luego de un penal inventado por Almeyda, el defensor se preparó para fusilar a un Keko completamente indefenso en semejante arco. Pero el central le pegó con tanta fuerza, que terminó desviando su remate por encima del travesaño. Entonces, ahí nomás, fue ajusticiado por el resto de sus compañeros, al mismo tiempo que Amato le seguía reclamando a Almeyda el increíble penal que había cobrado.

Es que en su afán por trabajar aún durante un picado informal, el Pelado impuso como regla que toda pelota que se fuera de la cancha significaría penal para el equipo contrario. Cosa de profundizar el control de pelota. Incluso, obligó a los arqueros y defensores a salir jugando, por más que la cantidad de jugadores en ese espacio tan reducido lo hiciera prácticamente imposible. Un claro ejemplo de que si hay algo que Almeyda no negocia, es el trabajo y la buena onda.

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