Mientras algunos despiden a ídolos que se proclaman hinchas de otro club, River celebra un nuevo aniversario de la gran despedida del Beto. El recuerdo de un homenaje acorde a una gloria riverplatense, que -a diferencia de otros- nació y vivirá el resto de sus años cada día más enfermo por La Banda.

No peleó quintos puestos con Sanfilippo ni estuvo cerca de besar otra camiseta. El fue único a la hora de desplegar magia con una pelota, fuera del color que fuera, como así también fue único su amor por aquel club que lo vio nacer, explotar y culiminar su carrera.

“Gracias a Dios por haberme tirado en River”, dijo aquel sábado 13 de junio del 1987, cuando más de 90 mil personas se movilizaron hasta el Monumental para verlo por última vez con la banda roja pegada al pecho. No hubo torneo de por medio ni copa a la que clasificar, sólo se trató de una fiesta, una gran fiesta, para un ídolo en serio.

Ese ídolo que se convirtió en el primer jugador del fútbol argentino en no gritar un gol porque enfrente estaba su amado River. Ese que desoyó las amenazas de muerte para encabezar una vuelta olímpica nada menos que en la cancha de Boca. Y ese mismo que, lejos de recibir un arco de regalo, mandó una pelota naranja derechito al museo…

Ese sí que fue un ídolo en serio. ¡Gracias, Beto!

Reviví lo que fue la despedida del Gran Beto Alonso: