Después de aquél título logrado junto al equipo de Simeone, River encumbró tres temporadas que lo sumergieron en la realidad que le toca atravesar hoy: escapar de la Promoción. Una vuelta olímpica como punto de inflexión para un grande desprestigiado por jugadores, técnicos y la peor dirigencia de la historia.

El 8 de junio de 2008, River rompió una racha de cuatro años sin vueltas olímpicas para festejar el título número 33 de su historia. Ese que tanto se había hecho desear y que, a juzgar por el daño que le generaban al club quienes conducían la institución, parecía inalcanzable. Pero a base del “sacrificio no se negocia”, Simeone, Ortega, Carrizo y Buonanotte se pusieron el plantel al hombro para lograr lo que en su momento resultó una quimera.

Aunque, después el club de Núñez empezó a reflejar en el campo de juego las consecuencias de lo que ocurría fuera de él. Una institución prácticamente desahuciada por sus dirigentes, las dificultades económicas y la violencia, pasó del primer puesto al último en sólo un semestre. Entonces, La Banda finalizó el Apertura 2008 con 14 puntos y la renuncia de Simeone. Sin embargo, con Gorosito como sucesor, sumada la aparición del Ogro Fabbiani y los regresos de Ortega y Gallardo, el panorama tampoco mejoró demasiado.

Es que ese River de Gorosito sacó apenas 27 puntos en el Clausura, para terminar cerrando la temporada 2008/2009 con un total de 41 unidades, una cantidad menor a la que La Banda había logrado un año atrás para consagrarse campeón… Por eso, los primeros resultados adversos del equipo en el Apertura 2009 terminaron por desbancar a Pipo, para darle una segunda oportunidad como técnico a Leo Astrada, que a esa altura celebraba el inesperado regreso de Almeyda y sufría las vicisitudes de la contienda electoral.

Confirmado en su cargo hasta junio de 2010 tanto por Aguilar como por el resto de los candidatos, los dirigidos por el Negro apenas consiguieron 21 puntos en ese torneo, el último de una etapa dirigencial nefasta. Daniel Passarella había ganado las elecciones en medio de una jornada tan multitudinaria como polémica y poco meses después demostró su fuerte intención de meter mano en el plano futbolístico. Es que un par de resultados negativos en el Clausura 2010 derivaron en la desvinculación de Astrada, la consiguiente asunción del tiki-tiki de Angel Cappa y el final de la temporada 2009/10 con otros escasos 43 puntos.

La alarma por el promedio ya se había encendido. Por eso, para el Apertura 2010, el Káiser reforzó al plantel de Don Angel con Carrizo, Pavone, Maidana, Acevedo, Román y Caruso, entre otros. Buenas incorporaciones para lo poco que rindió el equipo. Ello, sumado a las interminables polémicas que generó el técnico, acabaron por dejar a Cappa afuera del Monumental antes de que cumpliera un torneo completo. En su reemplazo llegó JJ López, un soldado del Káiser que tuvo un estreno de oro ganándole a Boca. A partir de ahí, el equipo entró en un ir y venir irregular, pero logró 31 puntos más que positivos, teniendo en cuenta que aún quedaba un semestre más para dirimir las últimas posiciones en la tabla de los Promedios.

Sin embargo, después de un buen inicio en el actual Clausura 2011, River empezó a caer de tal manera que parece que no reaccionará a tiempo. Justo cuando más se necesitaban los puntos, el equipo empezó a sentir sobre su espalda esa herencia producto de ocho años de una pésima administración y un último año y medio en el que se sobró la situación al no traer refuerzos o al imponer el orgullo de algunos por encima del bienestar del club. Cómo terminará la historia, es toda una incógnita, lo que es seguro es que en sólo tres años hubo muchos que lo único que hicieron fue perjudicar a ese River que tanto juraron haber amado.

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