El 24 de abril de 1983, Enzo tuvo su estreno con la camiseta que lo marcó para toda la vida. Con la 10 en la espalda y un gol invalidado, el uruguayo dio los primeros pasos de una historia que terminaría con siete títulos y la idolatría eterna. Cómo será, que 13 años después de su retiro, el Mundo River todavía le implora que vuelva.
Casi tres décadas después de aquél debut en Núñez, el Príncipe sigue recorriendo los pasillos del Monumental con la camiseta pegada al pecho. Aunque ya no despliega su talento innato sobre el verde césped, sino en la cancha auxiliar del estadio, desde donde guía al equipo de Veteranos con la misma pasión con la que lideró aquél River multicampeón de los 90.
Es que su amor por el fútbol y La Banda no entienden de retiro ni del paso del tiempo. Hace poco nomás, durante una entrevista con Olé, Francescoli recordó su estreno en el Millonario como si hubiera ocurrido ayer: “Lo que más recuerdo es la ansiedad y los nervios de enfrentar al Monumental con toda su gente. Realmente estaba muy muy nervioso. Tenía sólo 21 años y la expectativa que se había creado era muy grande. Y yo venía de Wanderers, un hermoso pero pequeño club comparado con lo que es River”.
Pero es sabido que su llegada no fue nada sencilla, que para los tiempos de gloria tuvo que esperar hasta el campeonato de 1985/86, su primer título con La Banda. Porque hasta ahí, salvo por el Enzo, todo el mundo dudó de su capacidad para vestir la camiseta de River. “Mi adaptación al club, a la ciudad, a los cambios fue muy difícil. Además, el equipo no estaba bien, había muchos conflictos y una huelga de casi dos meses… Fue duro. Pero me dije: ‘hay que apretar los dientes y seguir, hay que salir de esta situación. Y hasta que no lo logres, no te podés ir’. A fin de año, cuando me quisieron transferir, me quedé. Estoy seguro de que fue una de las decisiones más importantes de mi vida”, contó.
Y vaya si le salió bien, porque después de su primera vuelta olímpica, llegó su paso por el fútbol europeo y el posterior cumplimiento de una promesa que le terminó valiendo el mote de ídolo, a la altura de otro grande histórico como el Beto Alonso. Es que no sólo cumplió con su palabra de que regresaría a River, sino que además volvió y lo sacó campeón de América. La Libertadores de 1996 fue un sueño hecho realidad para el Enzo y significó la tercera epopeya de las sietes que consiguió con La Banda (5 títulos nacionales y 2 internacionales). Fue hace mucho ya, pasaron 28 años y toda una carrera de por medio, pero se lo extraña y recuerda como la misma intensidad que desde se retiró del fútbol, hace 13 años atrás.