La final del Torneo Apertura volvió a dejar en evidencia el mal armado del plantel de River. Es cierto, un equipo diezmado por las lesiones y algunos niveles individuales que reducen las opciones confiables para momentos decisivos. Pero la mayor exposición de este déficit es que, una vez más, el Millonario fue dependiente de Marcos Acuña.
La pegada de Juanfer. La gambeta de Colidio. El ímpetu de Freitas. El desparpajo de algún juvenil como Pereyra cuando entra. Pocos jugadores de este plantel tienen la capacidad de ofrecerse por sí solos como soluciones. Acuña es todo eso. Es el carácter y la personalidad de un líder que se agranda en las importantes, pero también la técnica de un crack que, jugando de lateral izquierdo, oficia como el 10 de River.
El Huevo llegaba tocado a la final. Se había perdido el duelo de semis con Rosario Central y arribó entre algodones a la definición en Córdoba. Por supuesto que no se lo iba a perder. Pero a los 25 minutos del segundo tiempo, con el resultado 2-1, el físico le pasó factura y pidió el cambio.
La debacle del Más Grande en el partido que derivó en los dos goles consecutivos vino porque Coudet no hizo cambios y el equipo se cayó. Y con la salida de Acuña, River perdió el motor espiritual, pero también a ese eslabón que juega y hace jugar. Aún de 3, el ex Sevilla es el más creativo del equipo. Y no hay un futbolista que pueda cumplir su función cuando él no está.
Los déficits de River que Acuña disimula cuando está y expone cuando falta
Más allá de que Acuña sea un crack, y lo demuestra con gestos técnicos como la facilidad para controlar la pelota, tal como en la jugada del primer gol, donde amortiguó un bochazo cruzado de Martínez Quarta para habilitar a Galván, que River dependa casi exclusivamente de su lateral izquierdo es muy grave. Que el Huevo no se pueda resfriar o salir faltando 20 minutos porque se desmorona es fiel reflejo de, quizás, el mayor déficit de este equipo: no ser confiable.
Y una vez más hacer hincapié en el desequilibrio del plantel y la importancia que tendrá el mercado de pases para jerarquizar algunos puestos. En esta no se le puede caer a Coudet, quien lo heredó y más o menos enderezó el rumbo con lo que había. Aunque sí es responsabilidad del Chacho en todo caso la gestión ineficiente de estos jugadores con los que cuenta hasta tener refuerzos, y de no encontrar aunque sea parches temporales momentáneos.
Queda un último partido por Copa Sudamericana para bajarle la persiana al semestre. Barajar y dar de nuevo. Pretemporada y mercado. Todavía es temprano para saber qué deparará la segunda mitad de año y quiénes estarán para encararlo. Una de las pocas certezas es que seguirá siendo el River de Marcos Acuña. Pero que el diferencial no siga implicando dependencia.
