Eduardo Coudet renunció a su cargo y dejó de ser el DT de River. Así se anunció en una conferencia de prensa en el Monumental. “Si los resultados no se dan, no le voy a hacer un mal al club”, había avisado Chacho hace algunas semanas. Dicho y hecho, la eliminación en Copa Sudamericana marcó el final de su ciclo.
Y aunque está claro que es gravísimo deportivamente hablando que el Más Grande haya perdido de local contra un equipo muy inferior y se despida de forma tan temprana del torneo continental de segundo orden, este fracaso fue la gota que rebalsó el vaso. Porque Coudet tenía el boleto picado hace rato, aún con el apoyo del plantel y la dirigencia.
“Cuando llegué River era Vietnam”, expresó el entrenador luego de hilvanar varios triunfos tras su arribo. Porque es cierto, pese a que no jugaba bien, el equipo conseguía los resultados que con Gallardo no, y así llegó a la final del Torneo Apertura 2026. Sin embargo, hubo dos derrotas claves: el Superclásico en el Monumental y el partido por el título contra Belgrano.
Resultados que se sumaban a la falta de funcionamiento y hacían que el hincha mire de reojo al Chacho. Pero la pretemporada y el mercado de pases eran una buena oportunidad para arrancar de cero. Y desde el vamos se hizo todo mal. Un día antes, el club apartó a 14 futbolistas. No fue decisión de Coudet, pero según reprochó Maxi Salas, el DT no se comunicó con ellos.
Con Mauro Arambarri como único refuerzo, el Millonario viajó a España a hacer una pretemporada con menos de 20 futbolistas. Sobre la marcha fueron cayendo incorporaciones, pero las más relevantes llegaron con la competencia empezada. Con o sin plantel conformado, River nunca puede perder los primeros cinco partidos. Y así fue. Con un agravante: derrota 1-3 con Aldosivi que lo dejó fuera de la Copa Argentina. Y caídas con Barracas y Rosario Central en el Monumental.
Así se sembró un escenario en el cual los hinchas reprobaron al DT y al equipo en la cancha. Pero dirigencia y jugadores lo respaldaron. Y él mismo avisó que se iría si no le encontraba la vuelta. En eso se vio una luz de esperanza: un triunfo ante Argentinos Juniors. Pero pocos días después hubo otro paso atrás: el empate en cero contra Independiente Santa Fe en Colombia.
Agravantes varios, es cierto. La altura, las múltiples bajas. River jugó muy mal, la sacó barata y empató, y Coudet declaró que cualquiera lo firmaba. No Chacho, en River no se firma el empate. Nobleza obliga: muchas veces se criticó que el Más Grande no sepa jugar de visitante en las copas y pierda las series por las derrotas fuera del Monumental. Pero si algo había recuperado River era el respeto de los clubes de saber que en cualquier cancha iba a buscar imponerse.
El primer tiempo con Vélez fue otra luz de esperanza. Sin brillo, pero sí mostrando algo muy superior a lo que se venía viendo. La vara estaba baja. Pero lo que era un cómodo 2-0 que llevó a la gente a aplaudir en el entretiempo, terminó en un amargo 2-2, con dudas y reproches. Y allí, el DT volvió a exhibir otro de los grandes fallos a lo largo de su ciclo: los cambios. Un entrenador que en los momentos de zozobra no muestra reacción para modificar.
El último mes y medio de River fue caótico, y Coudet no supo enderezar el rumbo. Su lógico nerviosismo, expresado en conferencias de prensa largas, donde las excusas aparecieron en lugar de las explicaciones y los cruces con periodistas se volvieron recurrentes. Pero también dentro del campo de juego, con su tradicional pero a veces exagerada efusividad.
Ganarle a Independiente Santa Fe era una obligación, pero igualmente iba a darle un respiro y un golpe anímico. Y, ya con plantel completo, serviría de punto de partida para empezar a jugar mejor, encontrar una identidad, acostumbrarse de nuevo a ganar y pelear por los títulos. Pero no. River quedó eliminado y Coudet se fue por la puerta de atrás. Apenas seis meses duró el ciclo que Chacho soñó toda su carrera, pero para el cual no estuvo a la altura.
