La llegada de Ángel Correa ilusiona a todo River. Más allá del dinero o de la inversión que implicó su incorporación, futbolísticamente parece difícil encontrar argumentos para oponerse a un refuerzo de este nivel. Se trata de un delantero con calidad de sobra, experiencia en la élite y características que hoy prácticamente ningún atacante del plantel posee.

A continuación analizamos, con datos y fundamentos tácticos, qué puede aportar el ex Atlético de Madrid al esquema de Coudet y por qué su perfil puede elevar considerablemente el nivel ofensivo del equipo.

Perfil básico

Antes de profundizar en su juego, vale la pena repasar su perfil.

Ángel Martín Correa Martínez tiene 31 años, mide 1,71 metros, es argentino, diestro y se desempeña como delantero.

Llega después de una década en el Atlético de Madrid, donde fue dirigido por Diego Simeone, y de un muy buen paso por Tigres de México, manteniéndose siempre como un futbolista competitivo y físicamente confiable. De hecho, durante su etapa en España disputó más de 400 partidos y prácticamente nunca sufrió lesiones de gravedad.

¿Qué tipo de futbolista es Ángel Correa?

Principalmente, Angelito es un segundo delantero con capacidad para moverse por todo el frente de ataque y con un nivel creativo bastante superior al promedio.

Correa siempre aporta goles y asistencias, independientemente del contexto en el que juegue o del rendimiento colectivo de su equipo. Durante su paso por el Atlético registró temporadas de 8, 10, 11 y hasta 13 goles, además de campañas con una producción muy alta de asistencias. En Tigres confirmó esa tendencia con 16 tantos en su última temporada.

No es simplemente un atacante que finaliza las jugadas: participa constantemente en su construcción.

Virtudes

Hoy River tiene delanteros que rinden bajo determinadas condiciones, pero que pierden influencia cuando son alejados de sus zonas habituales. Correa rompe completamente con esa lógica.

Puede jugar como segundo delantero, detrás del nueve, por cualquiera de las bandas, como acompañante de otro atacante o incluso ocupando diferentes sectores dentro del mismo partido. Durante su paso por el Atlético actuó como segunda punta, nueve, extremo derecho, extremo izquierdo e incluso como mediapunta según lo necesitara Simeone.

Esa capacidad para adaptarse hace que pueda ofrecer soluciones en prácticamente cualquier escenario del juego sin depender de una única posición para rendir.

Otro aspecto muy positivo es cómo resuelve en espacios reducidos. A Correa le gusta recibir mucho más dentro del bloque rival que lejos del arco. Constantemente atrae marcas mediante conducciones cortas, protege muy bien la pelota gracias a su bajo centro de gravedad y genera ventajas para sus compañeros escondiendo el balón o reteniéndolo hasta encontrar el pase adecuado.

No necesita demasiado espacio para marcar diferencias. Todo lo contrario: cuanto más cerca del área rival juega, más influencia suele tener. Es un futbolista que acumula muchísimos toques dentro del área y participa de manera constante en las acciones previas a los remates o los goles de su equipo.

Precisamente por esa tendencia a jugar cerca del arco rival, su toma de decisiones se convierte en uno de sus mayores diferenciales.

Correa rara vez elige mal una jugada. Puede equivocarse en la ejecución, como cualquier futbolista, pero generalmente interpreta muy bien qué pide cada situación del partido. Sabe cuándo conducir, cuándo descargar de primera, cuándo girar para atacar un espacio o cuándo atraer rivales para liberar a un compañero.

En River, donde muchas veces faltó creatividad en los metros finales, ese criterio para decidir puede convertirse en una herramienta fundamental para elevar la calidad de los ataques y potenciar a los futbolistas que jueguen a su alrededor.

¿Correa vive de gambetear?

No.

Es muy bueno sacándose marcas de encima, pero lo hace de otra manera. Utiliza conducciones cortas, protege muy bien la pelota gracias a su agilidad y a su centro de gravedad bajo, gira con facilidad y obliga constantemente a los rivales a salirle encima.

Ahora bien, no es un extremo explosivo que busque permanentemente el uno contra uno. No necesita ganar por velocidad para generar ventajas. Su fuerte pasa por atraer rivales, esconder la pelota y liberar espacios para los compañeros, algo que termina siendo igual o incluso más valioso dentro de un equipo que busca dominar los partidos mediante la posesión.

Goleador y asistidor

Como quedó demostrado durante toda su carrera, Correa siempre aporta goles y asistencias.

Sus números hablan por sí solos: temporadas de ocho, nueve, diez, once y trece goles en el Atlético de Madrid, once asistencias en la campaña del título de LaLiga y 16 tantos en su última temporada con Tigres. Además, posee el récord de ser el suplente con más goles convertidos ingresando desde el banco en la historia de la liga española.

Ahora bien, sería un error pensar que River debe depender exclusivamente de él para convertir. Correa no es un “9” que monopoliza el gol, sino un atacante que eleva la producción ofensiva colectiva. Hace mejores a los jugadores que lo rodean y participa muchísimo en la construcción de las jugadas que terminan en situaciones de peligro.

Juego sin pelota

Después de diez temporadas bajo las órdenes de Simeone, Correa desarrolló un compromiso defensivo muy alto. Puede defender la banda derecha dentro de un 4-4-2, acompañar la presión como delantero o perseguir centrales durante la salida rival.

Es un atacante solidario, intenso y con una gran predisposición para recuperar la pelota. Nunca especula con el esfuerzo y entiende perfectamente cuándo presionar, cuándo retroceder y cómo colaborar con el funcionamiento colectivo. Esa versatilidad también aparece en la fase defensiva.

Encaje en River

Su encaje en River parece bastante sencillo porque es un futbolista que puede imponerse desde distintos roles.

Puede jugar por delante o por detrás de Lucas Beltrán —preferentemente por delante—, asociarse con un delantero que fije a los centrales, ocupar una banda durante determinados momentos o desempeñarse como un segundo delantero completamente libre, moviéndose por todo el tercio final.

Esta última parece ser la alternativa más interesante. Allí puede rotar posiciones con los otros atacantes, aparecer entre líneas, recibir dentro del bloque rival y aprovechar esa libertad para influir constantemente en el juego. River gana variantes tácticas simplemente por la cantidad de funciones que Correa puede cumplir sin perder rendimiento.

La sociedad con Lucas Beltrán que ilusiona

Ambos pueden convivir sin problemas, aunque ocupando funciones diferentes. Beltrán viene desempeñándose muchas veces como un futbolista que baja a recibir cerca de los mediocampistas para iniciar ataques y lanzar a sus compañeros.

Correa, en cambio, resulta mucho más peligroso recibiendo entre líneas, dentro del bloque rival y en espacios reducidos. Mientras uno organiza desde más atrás, el otro puede convertirse en el líder creativo cerca del área, atrayendo marcas, generando ventajas y potenciando a los atacantes que lo acompañen.

La diferencia de perfiles hace pensar que pueden complementarse en lugar de superponerse.

¿Será Beltrán-Correa la dupla de ataque?

Conclusión

Ángel Correa es una gran incorporación para River.

Es un delantero que aumenta considerablemente la calidad de los ataques, aporta creatividad, goles, asistencias, intensidad defensiva y una flexibilidad táctica que hoy prácticamente ningún otro atacante del plantel ofrece.

No es un especialista del uno contra uno ni un goleador que deba convertir todos los partidos, pero tampoco necesita serlo. Sus mayores virtudes aparecen en la toma de decisiones, la lectura del juego, la capacidad para jugar en espacios reducidos y su facilidad para hacer mejores a quienes lo rodean.

Ángel Correa llega a River.

Por todo eso, cuesta encontrar argumentos futbolísticos para cuestionar su llegada. River incorpora un futbolista vigente, con experiencia en la élite, protagonista durante diez años en el Atlético de Madrid y con un gran presente en México. Si Coudet logra rodearlo con los perfiles adecuados, tiene todo para convertirse en uno de los líderes ofensivos del equipo y en uno de los refuerzos más determinantes del fútbol argentino.