Se hizo largo y tedioso el 2026 para River, e increíblemente en un contexto que debería tener un escenario deportivo muy favorable en la etapa de definición de todos los torneos posibles por las calidades individuales del plantel nos encuentra en penitencia en un rincón angustiante, con un equipo que pisó el mes de septiembre solamente vivo en una competencia, y a mediados de octubre sigue penando para cumplir el objetivo mínimo que significa tratar de salir campeón y jugar la próxima Libertadores.

Afuera de lo ocho que clasifican a playoffs a falta de cinco fechas y arañando los últimos lugares que te llevan a la Sudamericana en la anual, el equipo de Leo Ponzio tendrá en Junín la última bala para terminar el año compitiendo de manera digna hasta el final de la fase regular del Torneo Clausura, donde con una victoria se acomodará decentemente en las dos tablas y llegará con un aire que le permitirá afrontar el trinomio Belgrano-Racing-Boca con expectativas firmes y no con temores encima de mandarse un nuevo y definitivo papelón que catalogue a este 2026 como el segundo peor año del siglo después del fatídico 2011.

Elevá la vara, River

Sí, la llegada de Ponzio al banco de suplentes elevó un poco los rendimientos generales respecto a la era Coudet, pero la primera vara nunca puede ser solamente superar el nivel subterráneo futbolístico al que se llegó con el Chacho, y queda más que claro que si River repite el horrendo segundo tiempo que viene de jugar ante Estudiantes de Río Cuarto, uno de los cinco peores equipos de la historia de la Primera División siendo generosos, no alcanzará ni de casualidad para ganar en Junin, y mucho menos para plantarse bien en la Bombonera y cumplir los objetivos trazados.

Todo está tan ajustado en cuanto a los números que pese a que River ganó cuatro de los últimos cinco partidos y pudo reaccionar relativamente a tiempo, todavía seguimos con la soga al cuello por donde se lo mire. Y a esta altura del año ponerse a hacer cálculos e hipótesis sobre los puntos necesarios o no ya no tiene nigún tipo de sentido. Es pasar la barrera de cada partido, desajustar semana a semana la soga del cuello, y llegar a la Bombonera con la tranquilidad de puntos necesaria para solo pensar en jugar un gran encuentro allí y pisar fuerte este año por primera vez.

Ganar todo lo que queda, no hay excusas

Porque sí, el partido en la cancha de Boca debe ser el del punto de quiebre definitivo que te lleve a pelear por el título y a salir de esta aura perdedora que se respira en el ambiente riverplatense, pero para llegar al 1 de noviembre con esa expectativa habrá que superar pruebas muy importantes, y la de Junin encabeza por lejos la lista por sobre el resto.

Se habló muchísimo de este partido ante Sarmiento desde el momento en el que se pidió la postergación y se abrió la puerta de descansar 21 días completos sin fútbol para trabajar un funcionamiento que no se vio en la plenitud deseada contra Esttudiantes de Río Cuarto. Por eso también todas las miradas y las presiones estarán puestas en lo que suceda en la noche del miércoles, teniendo en cuenta todo lo que hizo River desde sus decisiones para patear este encuentro lo máximo posible con el objetivo de tener en plenitud a futbolistas como Tobías Andrada y Thiago Almada. Y por estas cuestiones la mochila también pesa más sobre los hombros.

Cualquier tropezón innecesario ante Sarmiento sin cumplir el objetivo de los tres puntos provocará que en la durísima visita a Belgrano pueda ser nuevamente el golpe final, contra un equipo muy trabajado y que lleva la confianza por las nubes después de habernos ganado aquella final hace cuatro meses. Y es por esto que en Junín todo tendrá tintes de gran batalla, de una “final” bien entre comillas porque duele asumir que es un partido 100% decisivo teniendo en cuenta que nos imaginábamos estar en otra clase de escenarios a esta altura. Pero es así.

La única manera que River deje de ser un equipo impredecible es que empiece a ganar los partidos pesados, y dejar de no ganar los que seguro tiene que ganar. Y en Junín la ecuación no es que puede sumar de a tres, es que DEBE sumar de a tres. Sin más excusas. Se acabaron todas las excusas.