Es muy difícil de ponerle una magnitud a lo que fue durante el semestre pasado la aparición de Santiago Beltrán en el arco de River, teniendo en cuenta no solo su gran oportunismo y nivel mostrado, sino además sabiendo que le ganó el puesto en buena ley a quien fue el arquero más determinante de la historia del club como Franco Armani.
La unanimidad era casi completa en el mundo River de que él debía continuar como titular también en el comienzo del semestre actual, y el Pulpo además intuyó que iba a ser el momento del pibe a tal punto que decidió volver a tierras colombianas para no perder continuidad en el final de su carrera. El escenario se presentó como ideal para un Beltrán que a comienzos de este mismo año era el cuarto arquero del equipo y supo aprovechar la oportunidad justa sobre todo por la lesión de Armani y la decisión de Jeremías Ledesma de volver a Rosario Central.
Una mirada de reojo que para mí resulta muy prematura desde algunos rincones del mundo River que pusieron al pibe en una órbita peligrosa y que pudiera jugarle en contra a su cabeza y a su confianza, más allá que se lo nota con una personalidad espectacular y muy maduro pese a su corta edad. Es verdad que la sensación es que, salvo en la serie contra Santa Fe donde fue figura no solo por atajar varios penales sino por apariciones clave en los 180 minutos, después no le ha tocado salvar tantas veces al equipo como en sus primeros meses. Pero tampoco tengo la sensación que haya sido demasiado responsable de este presente muy flojo del equipo en cuanto a resultados que derivó con la salida de Eduardo Coudet.
Aspectos que Beltrán debe corregir
Sí, deberá corregir y mucho su juego con los pies, algo que él mismo destacó como defecto claro. Sí, deberá estar más atento en las salidas y en el manejo del área chica a la hora de imponerse. Sí, deberá volver a transmitir esa seguridad y confianza que brindó plenamente de enero a junio con constancia. Pero lejísimos está de ser un desastre o un culpable directo del conjunto de los malos resultados del equipo, ni hizo méritos para perder el puesto con nadie.
Si bien no está pudiendo sacar algunas pelotas de gol ni salvando tan seguido al equipo como antes, se sabe que el 95% de los juveniles que han debutado en River arrancando en un nivel supremo han sufrido mesetas de rendimiento en ese primer futuro cercano, porque es algo totalmente natural en el proceso. Pasa que tratándose del puesto del arco todo parece quedar más en evidencia, pero es todo más lógico de lo que se cree. En los últimos 20 años solamente tres arqueros de Inferiores tuvieron la posibilidad de jugar con regularidad: Juan Pablo Carrizo, Augusto Batalla y ahora Santi Beltrán. Y eso también pesa en un chico sabiendo la magnitud de pararse bajo los tres palos con ese escudo en el pecho.
Lo cierto e innnegable es que más allá de todo aquello en los últimos días han salido a la luz nombres de posibles reemplazantes que el club puede llegar a tener en la órbita como el del marroquí Yassine Boounou o el ex-Boca Agustín Rossi en el caso que en un futuro no tan lejano Beltrán pueda irse, sabiendo por otra parte que los mercados europeos desde lo económico siempre son tentadores, o mismo para pelearle el puesto al pibe durante el comienzo del 2027.
Y además existe otra cuestión esencial dentro de la situación de Beltrán, que pasa por lo que será la renovación de su contrato, que vence el diciembre del 2027. Lo más sensato para todas las partes sería rubricar la firma antes que termine el 2026 para no entrar en el último año de contrato sin esa rúbrica, y de momento las charlas se encuentran avanzadas con su representante Gustavo Goñi donde la nueva cláusula de rescisión ascendería a los 100 millones de euros (actualmente se encuentra en 25).
En definitiva, River tiene un gran arquero que ya demostró con creces que puede estar a la altura del escudo y es merecedor de un buen respaldo. Con condiciones sobradas y rendimientos que lo han avalado. Por supuesto que lo más pronto posible deberá recobrar parte de la esa pequeña pérdida de una confianza que lo llevó a brillar en esos primeros meses, pero no se lo puede correr de eje y menospreciarlo de la noche a la mañana. Lo necesitamos y mucho.
