River consiguió una victoria importante, merecida y hasta pudo ser más amplia, pero sería un error quedarse solamente con el resultado sin analizar lo que vimos. River ganó, sí, pero volvió a dejar señales que preocupan. De esas que ya conocemos y se repiten. Y cuando el calendario te pone por delante un superclásico en La Bombonera, esas señales dejan de ser sólo detalles para convertirse en motivos de alarma a las que prestar atención.
Si el próximo domingo no estuviera Boca enfrente, quizás podríamos interpretar el partido de ayer como una etapa más de la reconstrucción que se viene haciendo, como un paso adelante dentro de un proceso que todavía necesita tiempo, ajustes y funcionamiento. Pero no es el caso. Boca está ahí. Y todos sabemos que no es un partido más. Es el superclásico y en La Bombonera. Una oportunidad para dar el golpe y que River no puede desperdiciar. Por eso preocupa lo que mostró el equipo. Todavía no consigue transmitir seguridad y confianza. Le cuesta imponer condiciones, manejar los tiempos y hacerse dueño de un partido como el del domingo, ante un mal Racing, en el cual debio mostrar mejores argumentos para resolver con más tranquilidad.
Sigue faltando eficacia
River tuvo situaciones para liquidarlo, pero volvió a fallar frente al arco. Y, al mismo tiempo, nunca consiguió dominar verdaderamente el desarrollo, ni el tramite del juego. Estuvo cerca del segundo gol, pero también convivió con la amenaza latente de que Racing encontrara el empate. Esa es una contradicción ya reiterada. River puede generar lo suficiente para ganar con comodidad, pero no logra ser eficaz ni tampoco construir un partido en el aspecto defensivo que le permita sentirse dueño de lo que está sucediendo. Y ahí es donde aparece una pregunta inevitable: si a River le costó controlar a un Racing que no atraviesa su mejor momento, ¿qué puede pasar el domingo frente a un Boca que llega fortalecido, convencido de sus posibilidades y con jugadores que atraviesan un buen presente? Ahí está la gran diferencia. Boca parece creer en lo que hace. River, en cambio, todavía transmite dudas. Y en un superclásico, la confianza no es un detalle menor. Puede marcar la diferencia y ser un aspecto clave entre un equipo que impone sus condiciones y otro que sale a ver que pasa.
Quiénes deben jugar en La Bombonera
A esa preocupación futbolística se suma un problema concreto: la mitad de la cancha. Hay falencias en ese sector. Con Anibal Moreno en duda y Fausto Vera prácticamente descartado, River puede llegar a la Bombonera con un mediocampo integrado por Lucas Silva, Tomas Galván, Tobias Andrada y Thiago Almada. Al menos en los papeles, parece demasiado liviano para una batalla que exigirá intensidad, personalidad, recuperación y presencia física. Del otro lado estarán futbolistas capaces de marcar el ritmo del partido y River no puede permitirse perder la mitad de la cancha. De ser así correrá el riesgo de sentirse inferior y obligará a su arquero y defensores a tener que jugar el partido perfecto y resolver situaciones incómodas durante los noventa minutos.
La primera gran prueba para Ponzio
Y acá aparece la tarea de Leo Ponzio. Este es, sin dudas, su primer gran examen como entrenador de River. Hasta ahora, su equipo viene acumulando victorias, con rendimientos dispares, pero siempre con argumentos que le permitan justificar esos resultados positivos. El domingo, sin embargo, no alcanzará con haber ganado los partidos anteriores. Tampoco con confiar en que la jerarquía individual resuelva lo que el funcionamiento colectivo no puede. El DT tendrá que acertar en la formación, en la estrategia y, fundamentalmente, en la lectura del partido. Tendrá que entender cuál es el superclásico que River necesita jugar para neutralizar las virtudes de Boca y poder lastimarlo. Tendrá que tomar decisiones valientes e inteligentes. Porque los clásicos son de los jugadores, pero muchas veces también los inclinan los entrenadores. Y el domingo River necesita que su técnico esté a la altura. Como lo estuvo en su época de jugador en la misma clase de enfrentamientos. Su equipo debe jugar este clasico igual a como lo hacía él dentro de la cancha.
Hay nombres propios que van a tener que asumir el desafío y la responsabilidad de ser bandera en territorio enemigo. Santiago Beltran tendrá que ser una muralla. Gonzalo Montiel y Nicolas Otamendi los que aporten personalidad y liderazgo. Marcos Acuña, si vuelve, demostrar que su sector le pertenece y que le sobra para ser figura en esa cancha. Lucas Beltrán necesitará transformar sus buenos movimientos y su solidaridad ofensiva en goles.Ángel Correa deberá sostener el nivel que lo convirtió en una de las grandes figuras de este equipo y saber que su aporte es determinante para el objetivo de la victoria. Y hay un nombre que merece un capítulo aparte: Thiago Almada. Hasta ahora sigue generando expectativas, pero está rindiendo por debajo de lo que imaginabamos. Tiene condiciones, jerarquía y recursos para marcar diferencias. Es el partido perfecto para romperla. Llegó el momento de demostrarlo donde más importa: en La Bombonera. Escenario ideal para que los saque a bailar y juegue en su verdadero nivel. Debe dejar la displicencia y el tocar siempre hacia atras para convertirse en ese futbolista determinante que River trajo de Europa por muchos millones de dolares. El domingo tiene que ser el dia de Almada. Para aparecer, pedir la pelota, y asumir responsabilidades. Tiene en el talento de sus pies el poder de cambiar la historia de un encuentro.
Hay muchísimo en juego
River necesita que sus mejores futbolistas jueguen como tales. No puede depender exclusivamente de Correa ni esperar que las soluciones aparezcan por casualidad. Porque hay mucho más en juego que tres puntos. Está el orgullo de millones de hinchas. Está el honor de una camiseta a la que hay que hacer respetar. Está la posibilidad de golpear al rival de toda la vida, de frustrarlo en su deseo de pelear el campeonato anual y de fortalecer las propias aspiraciones de River en sus objetivos deportivos. El domingo puede ser un punto de inflexión. Una victoria puede cambiar el ánimo, fortalecer el proceso y darle a este equipo ese impulso que necesita para convencerse de que puede ir por cosas importantes. Pero para conseguirla tendrá que jugar mucho mejor de lo que esta jugando. Tendrá que combatir con futbol y tambien con carácter, determinación y una fuerte convicción. La preocupación existe y no tiene sentido esconderla detrás del resultado ante Racing. River ganó, pero no despejó las dudas. Ganó, pero no terminó de convencer. Ganó, pero dejó interrogantes que deberá resolver en el partido más importante del campeonato. Y ahi no habra tiempo para excusas ni para esperar que el funcionamiento aparezca más adelante.
El domingo hay que estar a la altura. Hay que jugar con la cabeza fría y el corazón caliente. Hay que entender lo que esta en juego y la camiseta que usan. En La Bombonera River tiene que ganar. No alcanza con competir ni con dejar una buena imagen. Hay que ir a buscar el partido, saber jugarlo y tener la personalidad necesaria para resolverlo. Jugadores y cuerpo técnico, entiendan lo que está en sus manos: el orgullo y la felicidad de 15 millones de personas. Háganlo por ellos, por el escudo y por la historia. No juegan solamente por ustedes. Juegan por todos nosotros. Por eso el domingo no se puede fallar. Lo tienen prohibido. Demuestren en La Boca que están a la altura de River y su historia. El domingo, cueste lo que cueste, tenemos que ganar.
