Punto final para un ciclo que en algún momento parecía que podía a llegar a tener un final distinto pero que terminó sin demasiada pena ni gloria. Fueron siete años donde Paulo Díaz por su propio talento mostró que podía darnos un salto de calidad, pero también por sus propias impericias hoy se despide casi en el olvido y por la puerta de atrás. Primero dejando de ser tenido en cuenta por un entrenador como Marcelo Gallardo que confió mucho en él pero que llegó a un límite indefendible, y luego por un Coudet que desde un comienzo lo tuvo muy de atrás en la consideración entendiendo que era un ciclo que estaba absolutamente desgastado.
Es complejo analizar su caso en particular porque nadie podría decir que es un futbolista que no tiene condiciones, y eso es quizás lo que más bronca genera en el ambiente. Porque otras cuestiones del fútbol también tan importantes como aquello terminaron provocando que sea un talento desperdiciado que en buena parte del último tiempo agotó la paciencia de manera justificada del grueso de los hinchas riverplatenses.
Es cierto que los contextos deportivos también pesan. Porque el chileno terminó emparentado con una época de River donde no solo no se ganaron títulos a nivel internacional, sino además exceptuando un par de semestres siempre hubo más muestras de decepción colectiva y de papelones futbolísticos del equipo que cuestiones para festejar o destacar. Pero aún en ese escenario hubo futbolistas que igual pudieron ser excepciones y supieron de qué manera poder destacarse para no quedar pegados en la intrascendencia. No fue el caso del chileno definitivamente, pese a que es justo reconocer que cuando le tocó jugar bien estuvo por encima de la media.
El gran punto de inflexión negativa de Paulo Díaz en River
Su ciclo pareció haberse estirado más de la cuenta, y hubo un punto que terminó siendo de quiebre. A mediados del 2024 y cuando estaba pasando por un buen nivel en general apareció la posibilidad de venderlo al exterior pero finalmente fue donde decidió en conjunto con el club una nueva renovación de contrato hasta fines del 2027, y con un salario top dentro del plantel.
El resultado de todo aquello fue que desde ese momento a la actualidad reinó nuevamente la irregularidad en su juego, entró en una zona de confort irritante, y sus rendimientos en la mayor parte del tiempo estuvieron a pique a tal punto que el Muñeco decidió ponerle casi el punto final a la historia antes que se termine la competencia del 2025, y después de un Superclásico en la Bombonera donde dio una imagen muy mala sobre todo desde lo actitudinal. Ya en ese momento la situación no daba para más y aunque siguió formando parte del plantel y jugando algunos partidos a comienzos de este año ya el final estaba sentenciado.
Es por esto que en su final de ciclo la sensación es que Paulo Díaz nunca aprobó las materias más importantes que se esperaban de él. Estaba apuntado a ser el verdadero líder defensivo del equipo pero no lo logró principalmente por sus propias falencias. Por esa manía de sobrar demasiado tantas y tantas jugadas innecesariamente, donde algunas de ellas nos costaron muy caro. Por no terminar de creerse él mismo que podría haberse convertido en un futbolista que sea una verdadera garantía, y el resultado fue que casi siempre terminó provocando en sus compañeros de zaga y en el hincha una desconfianza total y contraproducente.
Para muchos se va catalogado como la cara de la derrota de los últimos tiempos. Creo por un lado que no es tan así porque realmente hubo mayores responsables en los grandes fracasos deportivos, pero por el otro entiendo que ese incómodo mote le cabe más por su desidia futbolística en muchos momentos, y en ese contrapunto de saber que tiene enormes condiciones que lo llevan a ser un tipo que juega muy bien a la pelota pero que nunca tuvo la madurez para poder ser un muy buen jugador de fútbol en todo concepto, algo que en el primer nivel y en un club como River no pasa desapercibido.
Si era transferido cuando estaba en el punto más alto de su paso por el club quizás en buena parte de la opinión popular hubiera quedado la sensación que sus puertas a futuro podían quedar abiertas para un regreso. Hoy en día eso suena a imposible y esta despedida es un adiós para siempre. Una lástima por lo que pudo ser. Pero un final justo e inevitable por lo que realmente fue.
