La dura derrota en la final con Belgrano nos sigue haciendo ruido. A casi tres semanas del partido, aún nos cuesta asimilar el campeonato que regalamos en apenas 5 minutos. Todavía nos tiene enojados y ese estado tiene pinta de no desaparecer con facilidad. Deseamos revancha rapido. Sacarnos la bronca. Por eso a los de River no habrá Mundial que nos distraiga ni nos corra el foco. Por supuesto que queremos ver a Lionel Messi y a la Selección Argentina levantar nuevamente la Copa del Mundo, pero aqui estamos todos pendientes de una sola cosa: la reconstrucción futbolística de un club gigante que hoy parece dormido.

Basta de fracasos

River viene de fracaso en fracaso. En los últimos años, ganó poco y perdió mucho. Los malos resultados son indisimulables. Una constante que sufrimos en cada torneo que disputamos. Sin embargo no fue lo peor que nos pasó en esta larga etapa negativa. Perder el nivel y el estilo es mucho mas grave que una derrota. Y River, del 2021 para acá, dejó de representar futbolísticamente a su historia y a su gente. Sólo hubo un paréntesis de 6 meses en aquella Liga del 2023 en la que el equipo dirigido por Martin Demichelis obtuvo jugando un fútbol de alto vuelo. Ese ciclo que arrancó barbaro, se rompió todo pocos dias despues con el episodio del off. Nunca mas se volvió a jugar como nos gusta a nosotros. Ni cuando se obtuvo el Trofeo de Campeones ante Rosario Central o la Supercopa Argentina frente a Estudiantes. Por ese motivo se fue Demichelis y volvió Marcelo Gallardo. El segundo ciclo del Muñeco desde el juego fue flojo. Parecido a ese 2022 que representó el cierre de su primera etapa como entrenador de River. Anduvo mal el 2024 y todo el 2025. El DT que mejor nos hizo jugar en el siglo XXI tampoco pudo torcer el rumbo y sus equipos desentonaron si comparamos lo que siempre disfrutamos bajo su conducción. Llegó Eduardo Coudet con el tren en marcha y poco por armar. Con lo que tenia, metió el inflador anímico que alcanzó para meternos en una final, pero ese recorrido que nos llevó a Córdoba tampoco tuvo rendimientos que entusiasmen.

El segundo ciclo de Gallardo estuvo muy lejos de ser el esperado.

Todo sucedió por un denominador común que se viene repitiendo en River desde un tiempo a esta parte: la mala elección de los futbolistas para vestir estos colores. Desde este espacio en La Pagina Millonaria, donde suelo hacer catarsis, me queje una y otra vez porque lo que veía no me gustaba ni me conformaba. Escribí sobre la falta de jugadores con “status” River. La ausencia de jerarquia usando esta camiseta queda en evidencia rápidamente. Podemos repasar los planteles de las últimas cinco temporadas y posiblemente nos agarremos la cabeza. La cantidad de jugadores que nunca debieron haber sido contratados es alarmante. Claramente hubo una falla en la política de incorporaciones y en el diseño de los proyectos futbolisticos. Tuvimos que convivir con planteles que no estaban a la altura de lo que pedimos, deseamos y exigimos. Se cometieron y repitieron errores. Se trajeron jugadores de moda pagando altas cifras, que no dejaron de ser parches momentáneos para alguna necesidad puntual, pero nunca solucionaron el problema de raíz. River jugó todos estos años muy mal al fútbol y eso es gravisimo.

¿Responsables? Varios

Responsables hay muchos. Está claro que con el diario del lunes fue un error darle todo el poder a Marcelo Gallardo para hacer y deshacer lo que su pensamiento dictara. El DT confiaba y delegaba en su asistente personal Mariano Barnao, quien llegó a ocupar el cargo de Gerente de Fútbol Profesional y a meterse de lleno en las compras de cada mercado de pases. River gastaba fortuna sin conseguir resultados. El presidente Jorge Brito y los principales directivos estaban inactivos y solo obedecian los deseos del Muñeco, cometiendo el mayor pecado en el que puede caer una dirigencia: no conducir al club. Se realizaron incorporaciones millonarias, con contratos elevados de apellidos que no conmovían. Esa ecuación fue extraña. Cada 6 meses se intentaba solucionar con el nuevo mercado de pases los errores del anterior. River era un revoleo indiscriminado de futbolistas tanto en llegadas como en salidas. Todo eso nos llevó a esta realidad que nos tiene preocupados y con pocas certezas.

Stefano Di Carlo parece harto de esta historia y se lo nota decidido a cortar con todo esto. El presidente de River hizo un diagnóstico futbolístico preciso y vió lo mismo que vimos nosotros desde la tribuna o frente a un televisor. Coincido con su postura de ponerle fín a este presente mediocre que ya se estiró demasiado. River debe volver a jugar al fútbol que los hinchas y socios queremos. Di Carlo entiende que es momento de iniciar su verdadera gestion y dejar atras herencias recibidas (de las cuales el también formó parte). En el 2025 se puede afirmar que hubo gobernación compartida entre Brito, como el presidente saliente, y Di Carlo como el sucesor. Profundizandose ese método de conducción mucho más en el último semestre donde ambos aparecían en las fotos que el club iba publicando con los flamantes refuerzos que se sumaron. Ya sin Brito, la primera medida fuerte del líder actual fue la renovación del contrato de Gallardo que apenas duró 3 meses por la renuncia del entrenador en febrero. Prestó el oido a sugerencias de confianza para la elección del Chacho Coudet y ahora parece decidido a encabezar la depuración del plantel actual.

Junto a Coudet y Longoria, Stefano Di Carlo debe enderezar el rumbo de River.

Fue acertada la intencionalidad del mensaje enviado. El impacto fue positivo en la gente que seguramente escuchó lo que quería escuchar. Me pasó lo mismo, aunque solo le marcaría un asterisco a ese discurso. No me parecieron correctas las formas. Se expuso brutalmente la falta de jerarquía de los jugadores actuales, colgándoles un cartelito de remate, pudiendo afectar negativamente la busqueda de una salida economica conveniente para el club. Tras esa declaración de principio, las cotizaciónes bajan y son muchos los jugadores por los cuales River espera recibir ofertas para recaudar dinero. En un simple cálculo matemático, y sin ser un sabio de las finanzas, estimo que River puede perder mas de 20 millones de dólares si tenemos en cuenta el valor por el que compró y en el que venderá. Es demasiado dinero quemado y del que nadie parece asumir la culpa. Quizas sea una perdida que habrá que asimilar como inicio de la reconstrucción deseada. Ojala así sea, pero cuidado con la mala utilización de la plata del Club, eso es mas grave que jugar mal. Tampoco me parece saludable que hayan trascendido algunos dichos del presidente sobre la firme decisión de colgar y hacerle la vida difícil al jugador que no acepte dejar River. A favor de Di Carlo, hay que remarcar que esas expresiones fueron dentro un contexto privado y no en un medio de comunicación, pero habra que entender que a esos jugadores, alguien les firmó sus contratos vigentes y que desean respetar. Puede sonar soberbio o autoritario. Hasta chocante para el futbolista. Por eso hay que ser medido en el manejo y sus formas sin olvidar un detalle importante: los borrados pueden mantener vínculos cercanos y de amistad con muchos jugadores de los que permanecerán en el plantel y a los que quizás no les guste el trato que reciben sus ex compañeros, pudiendo generarse un enojo grupal o mal clima interno que debería evitarse. Es fundamental para todo proceso que exista armonía entre dirigentes y plantel.

Lo que se viene

Al futuro deportivo de River lo manejan cuatro personas: Stefano Di Carlo, Eduardo Coudet, Enzo Francescoli y Pablo Longoria. Celebró que haya un trabajo grupal, con intercambio de opiniones y diferentes puntos de vista para lograr la excelencia necesaria que nos permita alcanzar el éxito deseado. El modelo unipersonal no funcionó y aqui es clave que desde sus respectivos cargos todos aporten sus conocimientos para encontrar las mejores opciones para armar un gran equipo de fútbol. Es de vital importancia no equivocarse más. Hay que formar el plantel más competitivo de los últimos 10 años para volver a ser campeón. El torneo argentino siempre es tentador, la Copa Argentina también, pero ganar la Sudamericana, ahora con Boca en el camino, debe ser prioridad. Para eso es fundamental incorporar jerarquia de verdad. Esa que faltó durante todo este tiempo y a la que siempre estuvimos acostumbrados. A ver si nos entendemos, es necesario construir un nuevo River.