Se está dando internamente un debate sobre si alcanza sólo con ganar o no. Hay distintas opiniones y por supuesto todas validas. Entiendo que sólo en River Plate se puede dar este contrapunto futbolero. En cualquier otra institución se impone el nefasto “ganar como sea”. Acá no. A nosotros siempre nos importaron las formas y el estilo. Y creo que esto es justamente lo que nos distingue de todos los demás. La grandeza con la que jugamos al fútbol a lo largo de toda la historia.

Eduardo Coudet nos va a terminar convirtiendo a todos nosotros en resultadistas. Porque el Chacho expone y explica el momento actual de River con una honestidad brutal. Desde sus discursos post partido nos hace entender lo importante que es ganar en estos tiempos de vacas flacas y urgencias deportivas. Ganar nos provoca sonrisas y nos trae paz. Nos evita esa malasangre que habitualmente nos hacemos cuando convivimos con la derrota y que tantas veces cambió nuestro animo durante semanas enteras. Hoy los jugadores se acostumbraron a ganar, como hasta hace poco tiempo decíamos que se habían acostumbrado a perder. La dinámica paso de ser negativa a positiva y la energía se percibe diferente. Hablamos de ganar porque es lo que el equipo hace semana tras semana. Va recorriendo un camino de reconstrucción y renovación obteniendo triunfos. Consiguiendo el primer objetivo claro y deseado en este bendito deporte: GANAR.

El tema es que a nosotros, que nacimos con paladar negro y con una camiseta blanca cruzada por una banda roja, nos falta la otra parte: jugar bien. Nada nos gusta más que llenarnos los ojos de fútbol. Dar espectáculos dentro del cesped de cualquier estadio. Nos da orgullo nuestra identidad y repasar la galería de cracks que tuvimos a lo largo de estos casi 125 años de historia. Hicimos banderas con rostros emblemáticos del buen juego. A los corredores y metedores los queremos y respetamos, pero la realidad es que nos derretimos con la magia del Beto, la estética del Enzo, las gambetas del Burrito o el talento de Aimar, por nombrar algunas de las inmensas figuras que tuvimos en los últimos 50 años. Somos capaces de hablar apasionadamente de la Máquina (sin haberla visto jugar nunca en nuestras vidas) solo porque mencionar a Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau nos provoca placer. Está en nuestro ADN. Somos River. Amamos ganar, golear y gustar. Así nos educaron y así educaremos. Tener como prioridad jugar bien al fútbol es uno de los principales mandamientos que tenemos quienes adoptamos la religión Millonaria.

Coudet ganó ocho partidos sobre 10 dirigidos desde su llegada a River. (Getty Images)

Dicho esto… ¿Qué hacemos con este presente? ¿Exigimos para estar a la altura de la camiseta o somos comprensivos entendiendo la calidad de jugadores que tenemos? ¿Mantenemos la vara en el nivel que siempre la tuvimos por respeto a la grandeza de River o la empezamos a bajar para apoyar en las malas y conformarnos con ir ganando los partidos que se pueden y nos de la nafta? Es un gran dilema que tenemos 15 millones de personas y al que habrá que encontrarle una respuesta. En la actualidad, River parece jugar más a lo que puede que a lo que debe. Convive con resultados positivos, sosteniendo rendimientos colectivos discretos, ante rivales inferiores y con limitaciones. ¿Pesa más la frustración que sentimos durante los 90 minutos con lo que vamos viendo o la satisfacción que nos invade cuando termina el partido y nos quedamos con los 3 puntos? Ustedes que están leyendo la columna intenten ser sinceros.

Es peligrosa la óptica triunfalista, que quizás nos distorsiona la realidad. Es bravo el exitismo porque puede hacernos decir algo que posiblemente los pocos días ya no nos identifique. Un claro ejemplo puede ser Lucas Martinez Quarta el jueves en Brasil. ¿Qué hubiésemos dicho si lo expulsaban, si el penal era gol y River perdía por su error? Seguramente algo diferente de lo que estamos diciendo ahora que el equipo ganó de forma agónica con un golazo suyo y por primera vez en Brasil a lo largo de su historia de la Copa Sudamericana. Lo gritamos y nos abrazamos. Quién pintaba para villano terminó siendo héroe. Así es el exitismo. Confuso y traicionero. Se maneja por impulsos y detesta el razonamiento.

Desde este espacio donde puedo expresar libremente mi pensamiento intentaré ser claro con mi opinión. A mi no me llenan los triunfos sin argumentos futbolísticos para destacar. A mi no me modifica lo que pienso del rendimiento de un equipo, una jugada aislada que finaliza en gol. No me entusiasma, pensando a largo plazo, un equipo al que le cuesta generar situaciones de gol y que defensivamente comete errores todos los partidos. Pienso en cual es la principal virtud que tiene River hoy y me cuesta encontrar una con claridad. No es inexpugnable en el fondo. No le fluye el juego en mitad de cancha. No tiene buenas resoluciones en ataque. No patea al arco con frecuencia, ni tampoco tiene referencias aéreas validas para que centrar pueda ser un recurso importante y peligroso. No impone su juego interno y carece de desequilibrio por las bandas. Le falta aceleración y cambio de ritmo. No goza de pequeñas sociedades y el funcionamiento colectivo es discontinuo. Son muchas características negativas para convertirse en un equipo con aspiraciones reales de ser Campeón.

¿Por que gana entonces? Por la postura que tiene de ir a buscar el triunfo en todos los partidos. La solidaridad y esfuerzo grupal que muestra habitualmente. Por estar siempre predispuesto a correr y sacrificarse. Por el mensaje positivo y motivador del entrenador. Y porque en definitiva, aún con individualidades normales, suele tener más que sus rivales. Encontró un verdadero hallazgo en el arco con la aparición de Santiago Beltrán, esta levantando Marcos Acuña y hay chicos que aportan su frescura en medio de tanta rigidez.

En la actualidad, River parece jugar más a lo que puede que a lo que debe. (Getty Images)

Con esto le alcanzó para haberse quedado con la victoria en 8 de los 10 partidos disputados. Es verdad que no alcanzó para ganar el que mas queríamos, pero gracias a esta racha positiva quedó muy bien posicionado en el Campeonato y en la Copa Sudamericana. También escala en la tabla anual que entrega un título y clasifica a las copas del 2027. Todo sirve y es válido, pero lo importante es volver a salir Campeón. Para lograrlo en algún momento deberá mejorar su imagen y levantar su nivel futbolístico. Mientras tanto celebramos las recientes victorias, pero lo que queremos es soñar en grande otra vez. Y si retomamos la pregunta inicial de esta columna, la respuesta parece ser clara. Hasta ahora le alcanza para ganar partidos, pero jugando así no sabemos si podrá coronar y obtener títulos.