24 partidos oficiales pasaron desde la llegada de Eduardo Coudet a River en esta nueva aventura como DT del club, y en el camino ya hubo momentos y situaciones de todos los colores como si fuese un camino de muchísimo más tiempo. Y pese a que los números indican que ganó 12 encuentros y perdió 8, la trascendencia de los rivales o las instancias y sobre todo las formas en las que llegaron esos malos resultados es lo que más hace sonar la señal de una alarma que enfoca cada día un poco más en rojo.
Primordialmente porque la falta de funcionamiento ha sido más que evidente en un todo, pero en este contexto adverso se puede divisar un talón de Aquiles pronunciado en lo que refiere a la mitad de la cancha, la que en los libros del fútbol es la línea más sensible y determinante del equipo. Y los problemas no solo se ven apuntados en los bajos rendimientos individuales que han sido claros en su mayoría, sino también en lo que respecta a la elección de nombres y las intenciones tácticas.
Con su habitual diagrama estratégico de un volante tapón y otros tres por delante más sueltos que debiera estar sujeto a revisión, en sus primeros partidos el Chacho había apostado a Moreno, Galván, Vera y Kendry Páez. Luego probó a Subiabre por izquierda en lugar del ecuatoriano en una nueva función para el pibe, y allí sin brillar encontró su mini momento de mejor funcionamiento, en las victorias ante Belgrano en el Monumental y Racing en Avellaneda.
A partir de la derrota en el Superclásico y ante la lesión muscular de un Fausto Vera que hasta ese momento había sido el más parejo de rendimientos de todos los volantes, empezaron los cambios y a derrumbarse bastante el castillo de naipes respecto al funcionamiento colectivo. Porque Tomás Galván si bien aportó dinámica fue casi siempre con altibajos y con menos protagonismo de jugadas del que se espera de él, porque Subiabre cayó en picada respecto a su confianza, porque Moreno tampoco encontró regularidad pese a dos o tres partidos sobresalientes, y porque ni Galoppo ni Páez ya aportaban soluciones.
Y ahí fue cuando Coudet empezó a apostar por Juan Cruz Meza primero, y por su hermano Maxi después, para ver si encontraba más profundidad y soluciones. Si bien este último aportó un par de goles, nunca se vio la fluidez en el juego que el Chacho suele buscar y pregonar en sus equipos. En donde sí acerto a la hora de los ingresos fue con Lucas Silva, que en el puñadito de partidos que estuvo en cancha aportó rebeldía y buen pase entre líneas.
Mientras tanto, la carta Juan Fernando Quintero seguía siendo selectiva para determinados encuentros o situaciones y casi siempre ingresando desde el banco, anticipando un final de historia con el colombiano que en el fondo no sorprendió a nadie más allá de las formas, donde el DT dejó en claro que quiso apelar más a la intensidad que a la pausa en la zona de gestación. Un error que sobre todo en la final contra Belgrano terminó costándole carísimo a River.
Pero, insisto, más allá de los nombres, hay una cuestión táctica que se lleva todo puesto y que sigue retumbando para mal en este inicio del segundo semestre de competencia. El doble 5 por más que sea dinámico y no jueguen a la misma altura de la cancha va a tener que romperse para buscar soluciones, y los de afuera deberán ser por características más profundos como lo puede ser el pibe Pereyra que mostró cosas interesantes.
Pero primero tiene que aparecer esa decisión del Chacho de no morir con la suya en este aspecto, y de buscarle la vuelta desde lo táctico para que se vean otras intenciones de juego. Con las llegadas de Ángel Correa y Tobías Andrada y los minutos que ya tuvieron promete aparecer toda esa dinámica y proifundidad deseada detrás de los delanteros, y que de una vez por todas se empiecen a ver mediocampistas en River que no solo rematen más de afuera sino que además pisen el área contraria llegando vacíos para terminar jugadas.
Y, por último, la política de contrataciones también tiene que apuntar a dejar de traer tantos volantes mixtos que no terminan de hacer la diferencia en lo ofensivo o lo defensivo, y volver a las bases de esos mediocampistas con recorrido como lo era el Chacho en su época de futbolista, o a los que te comen los tobillos bancándose jugar de cinco solitario como la historia de River lo manda.
