Comienza un nuevo ciclo futbolístico en River y con él también se renuevan nuestras expectativas e ilusiones. Es cierto que todavía transitamos un periodo de duelo tras perder a nuestro DT preferido. Es un estado de tristeza que seguramente nos acompañará a todos nosotros durante un largo tiempo, pero debemos tener claro que esto continúa a gran velocidad y no podemos permanecer enroscados en una situación que lamentablemente ya no tiene vuelta atrás. Jamás olvidaremos a Marcelo Gallardo. Siempre su nombre será religioso y su figura inmaculada. El Muñeco es nuestra leyenda viviente y nada lo cambiará. El presente negativo y las urgencias nos obligan a tomar otros caminos y nos hará tomar de la mano a Eduardo Coudet y creer en él.

Coudet, el remedio indicado para River

El Chacho es el remedio indicado para este trastorno deportivo que vivimos desde el 2024. Su personalidad descontracturada, carácter extrovertido, picardía y desparpajo vienen a sacudir anímicamente a este grupo de jugadores que necesitan salir de ese pozo energético en el que están sumergidos. Este parece ser el déficit mas grave que sufre el plantel. La presencia del nuevo DT puede ser una inyección positiva para solucionar y mejorar ese aspecto. Estoy convencido que fue uno de los focos principales en los que Francescoli y la dirigencia puso el ojo a la hora de pensar y elegir al nuevo entrenador. Por supuesto que solo con eso no alcanza para escaparnos de esta absurda realidad que nos toca y tampoco es la única virtud que tiene el flamante entrenador. Desbloquear el tema anímico y que el jugador sume confianza será clave, pero el Proyecto Coudet es un combo mucho más completo e interesante que nos permita imaginar un River que nos llene y nos identifique. A su manejo de vestuario le agrega una idea futbolística que se emparenta a lo que siempre fue River. Debo decir que a mí me gustaron siempre las posturas de sus equipos. Cuando le tocó dirigir un club grande siempre fue al frente y asumió ese protagonismo. En Central y en Racing sus estilos dejaron una huella que hizo que todos valoremos su trabajo. En Brasil lo convocaron para desafíos importantes a los cuales pocos acceden y le fue bien. Su idea de juego ofensivo y agresivo fueron ubicándolo dentro de ese selecto y pequeño grupo de técnicos capaces y aptos para dirigir a un gigante como River Plate. Muchas veces su nombre sonó como una posibilidad a la cual recurrir en algún momento de búsqueda. Hoy llegó el día que esa posibilidad se convierta en realidad y tenga la chance de sentarse en el banco de Angelito, Ramón y el Muñeco.

Bienvenido a River, Eduardo. (Foto: LPM / Damián Marcovecchio).

Eduardo Coudet fue un 8 de River destacado a fines de los 90 y principio del 2000. Futbolista muy técnico que la rompía por el sector derecho, aportándole al equipo juego, despliegue, marca, profundidad y gol. El Chacho futbolista en este equipo actual seria titular indiscutido. Disputo 179 partidos y anotó 27 veces con la banda puesta. Gano el Apertura 99, Clausura 2000, Apertura 2002. Clausura 2003 y el Apertura 2004. Son 5 títulos a los cuales esperamos pueda sumarle varios más como entrenador. Su paso por el club gozó del reconocimiento de la gente. Era uno de los preferidos de la tribuna especialmente en su primera etapa. Ser figura habitual en los clásicos con Boca le daba un plus a ese vínculo con el hincha, que recién empezó a apagarse levemente a mediados del 2004 cuando transitaba sus últimos días como jugador en aquel River que dirigía Leo Astrada. Cada vez que le tocó volver al Monumental ya sea como jugador o DT rival siempre fue aplaudido por todo el estadio. Ese cariño, aun latente, seguramente lo ayudará para sus primeros partidos. El tipo que anduvo bien con esta camiseta siempre tiene un respaldo mayor. Coudet se ganó ese respeto dentro del campo de juego y ahora deberá fortalecerlo sentado en el banco.

Urgencia de triunfos (y títulos)

Asume en un momento de crisis. Con urgencias y necesidad de triunfos. No agarra un River en paz. Tiene muchas ventanas problemáticas abiertas que deberá ir resolviendo con su oficio y experiencia. Hoy los jugadores están apuntados. Hay muchos que desbordaron la paciencia de la gente y están al límite de no poder revertirla. En ese panorama Coudet tiene que armar un 11 ideal que salga a jugar bien y ganar siempre. Habrá tiempo de trabajo gracias a este paro insólito de dirigentes, quienes demuestran estar cada vez más lejos de representar a sus socios y poner de rehenes a los clubes que conducen con el único objetivo de defender personajes que desde su accionar resultan indefendibles. Esta nueva payasada que vivirá el fútbol argentino le permitirá al entrenador tener unos días más de ensayo y a los jugadores evitar regresar en un corto plazo a un Monumental hostil hacia ellos.

Y en este punto quiero detenerme. Fui de los primeros en criticar a estos futbolistas por sus pésimos rendimientos y lo seguiré haciendo de continuar todo igual. En la mayoría de mis columnas puse más énfasis en criticar con dureza a los jugadores y no tan así a Demichelis o Gallardo. Son jugadores que no nos dieron jamás una alegría. Demuestran partido a partido que nuestra camiseta les queda grande. No estuvieron a la altura y por eso los cuestionamientos e insultos en la cancha se entienden desde nuestra lógica futbolera. Dicho esto, quiero dejar en claro que una cosa es jugar mal y otra es ir para atrás. Y a mí me parece que eso no sucedió nunca. Estoy convencido que no hubo nada premeditado. Afirmar en un canal de televisión, en una radio, en redes sociales o una plataforma que este plantel le hizo la cama a Gallardo, sin tener ninguna prueba evidente, es un mensaje peligroso para la paz que necesita River.

Uno puede interpretar desde las últimas decisiones tomadas por el Muñeco que existió un desgaste y que la acumulación de tantas frustraciones pudo haber generado alguna distancia lógica entre cuerpo técnico y plantel. Eso pasa siempre en cualquier vestuario que convive con derrotas. En mi caso hasta no escuchar en la voz de Gallardo, Biscay o Bujan palabras que condenen a este grupo de jugadores, no me pienso sumar a una ola de rumores y versiones que en muchos casos, solo intentan ser destructivos y generar un mal clima en River. Es muy común que haya gente que nos quiera ver mal y enfrentados. Que perciban que estan ante el momento perfecto para terminar de rompernos. Por eso fabulan situaciones que nunca pasaron, pero te las venden como la verdad más absoluta. Su único objetivo es fogonear el conflicto y lograr que este plantel no pueda revertir nunca mas su relación con los hinchas. Desde aquí mi sugerencia es ojo a quien le prestan el oído y no le hagamos el favor al fuego enemigo. Estos jugadores no se ganaron el aplauso ni el cariño de una tribuna tan exigente como la nuestra, pero si la oportunidad de modificar sus realidades en caso de mejorar sus rendimientos deportivos. Si el hostigamiento es permanente sin importar lo que hagan de aquí en adelante, a River se le pondrá más difícil. Es necesaria la unión. Mantenernos juntos. Como pide la canción “vamos todos unidos, vamos no nos quedemos”. Confiemos en poder levantar y salir de la mala. Confiemos en volver a ser lo que siempre fuimos. Confiemos en que se inicia una etapa positiva. Chacho yo en vos confío.