Son excepcionales los casos donde los nombres de pila de los futbolistas describen casi que a la perfección las mayores cualidades del jugador en cuestión. Y el caso Ángel Correa entra en esas bellas excepciones a la regla, porque definitivamente el 10 de River está angelado e iluminado por donde se lo mire cada vez que agarra la pelotita y va para adelante.
Y realmente nos salió barato. Muy barato. Se entiende que en términos nominales hablar de 15 millones de dólares para el fútbol argentino es una locura total de plata, pero las cuentas cierran bastante más cuando vemos que se trata de un futbolista que no solo siempre gambetea para adelante y ataca a la yugular de los rivales, sino que además genera un gol o un penal literalmente todos los partidos.
De hecho en cuanto a números participó en la gestación o en la definición en 8 de los 9 goles que tiene River de jugada en este semestre. En el único que no lo hizo fue en el último de Tomás Galván frente a Independiente Rivadavia. Y de yapa a él le cometieron los dos penales que luego River convirtió en esta segunda parte del año, y hasta debieron haberle cobrado alguno más por lo menos, y clavó en un ángulo el penal que le tocó patear en la Sudamericana.
Le queda pintado ese dorsal 10 en la espalda, y partido a partido la va mereciendo un poquito más, sabiendo por supuesto que todavía tiene muchos exámenes duros por cumplir con esta camiseta, pero con la certeza muy clara de saber que es un tipo que cuando arranca con pelota si estás en la tribuna te hace saltar del entusiasmo, si estás en la platea te levanta de la butaca y si estás en el sillón de tu casa te hace pararte indefectiblemente. Su adaptación ha sido inmediata, pese a que su chapa de campeón del mundo y de jugador de jerarquía son medallas que aumentaban considerablemente las chances que todo eso ocurra.
Correar promete ser el socio de todos
Hacía mucho tiempo que en River no vemos sociedades futbolísticas consolidadas dentro de la cancha, con jugadores que no solo hablen el mismo idioma sino que también puedan ejecutarlo con criterio, efectividad y constancia a lo largo del tiempo. Y en ese sentido Correa es quien más y mejor está uniendo a los intérpretes, encabezados por sus mejores laderos en el juego asociado que son Almada y Andrada, y sabiendo que tanto Seba Driussi como Lucas Beltrán también tienen ese mismo lenguaje para cansarse de hacer goles si se lo proponen a su lado.
Porque sí, Ángel es un ser angelado para jugar al fútbol y para llenar de buenas energías y sensaciones a quienes lo rodean. Esos tipos que potencian por inercia. De esos cracks de potrero que cada día florecen menos en un fútbol cada vez más mecanizado, robotizado y sistematizado muchas veces más a las cuestiones físicas que a las netamente futbolísticas.
Alguna vez dijimos de Lucas Pratto que había sido el refuerzo más “barato” de la historia del club pese a que fue muchos años literalmente fue el más caro. Ojalá el tiempo nos lleve al mismo juego de palabras con Correa, y que todo su protagonismo a la hora de nuestros goles también se transforme en relevancia a nivel títulos, tal como lo hizo el Oso. Que sea un ángel que coseche mucha gloria, porque talento y gambeta ya sabemos que nos va a regalar a montones.
