Se terminó una de las pretemporadas más largas para River de los últimos tiempos. Tan extensa fue que arrancó en el 2025 y concluyó en el 2026. Fueron exactamente 28 días de trabajo para un equipo que, como primer gran objetivo, deberá modificar su imagen futbolística para todo lo que viene. Ya sabemos todo lo malo que fue el año pasado. Hoy parece ser más urgente encontrar una versión deportiva definitiva que entusiasme, antes que conseguir algún triunfo ocasional y casual. Es obligación volver a parecernos a lo que siempre fuimos: un equipo que juegue bien al fútbol e identifique a su gente. Logrado eso, los resultados positivos aparecerán naturalmente. En busca de esa identidad anda River en este inicio de año con dos partidos amistosos internacionales ante rivales serios que merecen ser analizados con cautela por transitar la etapa de preparación, pero también con la objetividad de quien pretende ver y analizar en qué momento llega este equipo al debut del campeonato el próximo sábado.
Es obligación que River vuelva a parecerse a lo que siempre fuimos: un equipo que juegue bien al fútbol e identifique a su gente.
Del triunfo por 1 a 0 frente a Millonarios ya hablamos en la columna anterior. Si bien sirve como referencia y para un análisis global, vamos a enfocarnos más en los 90 minutos disputados ante Peñarol. El conjunto dirigido por Diego Aguirre suele ser competitivo en su ámbito local y dejó una imagen de equipo duro en la última Libertadores en aquella agónica eliminación con Racing Club. También en etapa de preparación y con algunas ausencias, el equipo aurinegro lo probó a River en el rubro carácter y la pierna fuerte. Trámite de juego muy interrumpido, demasiadas faltas de un lado y del otro, muchas infracciones producto del rigor físico con el que decidieron jugar ambos equipos. En esto los futbolistas millonarios obtuvieron un aprobado. Ninguno quitó la pierna ni evitó una disputa de pelota dividida. Se vio un equipo enérgico, con ganas de correr, presionar y ejercer un dominio territorial. Nada para reprochar desde lo postural.
Acá el problema fue otro. En verdad el de siempre: la alarmante falta de juego, creatividad ofensiva y volumen futbolístico de River.
Acá el problema fue otro. En verdad el de siempre: la alarmante falta de juego, creatividad ofensiva y volumen futbolístico. Nuevamente observamos un River sin profundidad y sin ideas con la pelota para generar situaciones de peligro. Abundaron las imprecisiones, la falta de movilidad y la toma de malas decisiones. Lo mismo que padecimos durante todo el 2025. La única acción de riesgo en el primer tiempo nació de una extraordinaria asistencia de Juanfer Quintero para un Matías Viña que pasó muy bien al ataque, pero cuando quedo mano a mano con el arquero falló en la definición. Eso fue todo. No pasó nada más en ese primera mitad que lo tuvo a Sebastián Driussi apagado, a Facundo Colidio intrascendente, al 10 jugando de a ratitos, pero lejos del arco, y a Kevin Castaño ubicado para tener un rol ofensivo más importante que le permita soltarse y así acompañar a los delanteros, pero como cuando juega de 5 tampoco funcionó. Sí se notó aceitado y con movimientos interesantes al doble cinco integrado por Fausto Vera y Aníbal Moreno. Ambos con el pase siempre claro, participativos e influyentes en el inicio de cada jugada. Aportando presencia, buena ubicación y voz de mando. Mejor el ex Racing, pero se cansó rápido y por eso en el complemento debió ser reemplazado.
Al igual que en el partido anterior, lo mejor del equipo a nivel individual se vio cuando entraron los pibes. Más frescos y sueltos, con otra velocidad y animándose a romper líneas para adelante. Tanto Ian Subiabre, como Santiago Lencina y Tomás Galván repitieron esa grata sensación cuando les tocó entrar a la cancha. Cada uno en lo suyo se destacó y aportó algo que el equipo no tenía hasta sus ingresos. Aceleración con Lencina, gambeta y desequilibrio con Subiabre y asistencias y movilidad con Galván. Los tres seguramente terminan siendo la mejor noticia de estos 180 minutos de fútbol durante la pretemporada. También dentro de lo positivo podemos mencionar que no le hicieron goles. Que aún con algunas fallas la zaga central respondió correctamente. Que Santiago Beltrán mostró seguridad para reemplazar a Franco Armani y no hizo lamentar la lesión de Ezequiel Centurión ni la venta de Jeremías Ledesma. Es real que los tres refuerzos cumplieron. Aníbal Moreno pinta para ser dueño de equipo, Fausto Vera para ser su gran socio y Matías Viña para ser un tren por el sector izquierdo a la hora de atacar. Viéndolos en acción parece ser un acierto sus incorporaciones.
Lo mejor del equipo a nivel individual se vio cuando entraron los pibes.
Los interrogantes de River tras Millonarios y Peñarol
Ahora: dicho esto, es necesario agregar que la sensación que nos queda tras las dos presentaciones en Uruguay no es precisamente la del entusiasmo. Siempre soy y seré lógico en esta etapa del año. Ni lo bueno es para el elogio desmedido ni lo malo es para la crítica despiadada. En las pretemporadas es difícil que un equipo juegue como su DT pretende. El tema acá es el acumulado. Lo que se arrastra. La poca paciencia y el deseo de ver cambios positivos. El temor a una temporada parecida a la anterior nos quita el sueño. La fe en tener el año que todos queremos existe, pero necesita de algo a lo que aferrarse. Ni con Millonarios ni con Peñarol el hincha detectó un motivo que le permita ilusionarse. Al contrario. Nos encontramos con ciertos vicios del viejo River que el nuevo no debería tener. Por eso el título de esta columna habla de interrogantes.
De las preguntas que nos hacemos solo Marcelo Gallardo tendrá las respuestas. Dos partidos no son suficientes para sentenciar o sacar conclusiones, pero por ejemplo:
- ¿Tendrá claro cuál es el equipo ideal para el debut ante Barracas?
- ¿Notará que Moreno, Vera y Castaño juntos es demasiado para una mitad de cancha?
- ¿Sabrá si Gonzalo Montiel en ofensiva volverá a ser el que fue?
- ¿Es Driussi el 9 de River hoy?
- Luego de analizar el rendimiento de Colidio y Salas ¿Alguno es más titular que el otro?
- ¿Los buenos rendimientos de los pibes les hacen un lugar en la formación inicial?
- ¿Quién le da juego y agilidad ofensiva a este equipo?
- ¿Es Galoppo la alternativa mixta para el mediocampo?
- ¿Paulo Díaz y Matías Galarza no sumaron minutos en ningún amistoso porque definitivamente estan borrados?
Estos son apenas algunos de los varios interrogantes que tengo de cara al arranque de un año futbolístico en el que está prohibido decepcionar.
Por lo pronto, este parece ser el plantel con el que se va a encarar el primer semestre del 2026. No hay en el radar un apellido para que se incorpore en los próximos días. El mercado cierra el martes, pero es cierto que ante una venta se podrá conseguir un cupo para sumar refuerzos. A mi entender, el libro de pases de River es incompleto. Falta ese defensor central fuerte, con presencia y buen juego aéreo. Falta el mediapunta desequilibrante que le dé uno contra uno a un ataque hasta ahora bastante estructurado. Y fundamentalmente falta un 9 de área goleador que resuelva los partidos en el arco rival. Entiendo y comparto la postura dirigencial de no hacer locuras económicas por jugadores “normalitos”. Me parece bien que se cuide el dinero y no se paguen sobreprecios como en mercados anteriores. Por cualquier futbolista de corta trayectoria piden 10 millones de dólares. Ni Santino Andino, ni Gianluca Prestiani, ni Tadeo Allende, ni Maher Carrizo valen esa cifra. En los últimos años comprobamos que los futbolistas son como las comidas, hasta que no las probás no sabés si te gustan y River invirtió demasiados dólares por jugadores que cuando se pusieron nuestra camiseta no nos gustaron ni estuvieron a la altura. Sí considero que un delantero de buen nivel vale una erogación económica importante. Habrá que ver qué analizó Gallardo y la dirigencia a la hora de evaluar nombres para ese puesto. Ahí falta. Creer que con Salas, Driussi y Colidio alcanza es cometer un error del pasado. Y si lo que se piensa es en el futuro entonces habrá que darle muchos minutos a Agustín Ruberto para justificar la decisión de no incorporar a nadie para ese puesto.
A mi entender, el libro de pases de River es incompleto.
Se acabó la preparación. Arranca la competencia oficial y River llega como se despidió: con dudas en su juego y cuestionamientos en algunos apellidos. Ojalá la realidad nos sorprenda gratamente. Que a partir de la semana que viene empecemos a notar aspectos positivos que nos permitan olfatear la construcción de un muy buen equipo. Es nuestro sincero deseo. Dios quiera también que lo sea el de Marcelo Gallardo cuando hoy sople las velitas de su torta de cumpleaños número 50. Quién te dice, Muñeco, si lo deseás con fuerza quizás se te cumpla a vos y también a todos nosotros.
