El exjugador Augusto Fernández (39), hoy representante de futbolistas como líder de la agencia Area Sport Team que, entre otros, trabaja con Franco Mastantuono, participó como entrevistado de Offsiders, un podcast de España en el que habló durante tres horas y repasó buena parte de su historia de vida con River como cimiento de todo lo que vino después.
Uno de los momentos más determinates de su carrera fue cuando River le hizo su primer contrato profesional. “Pasé a ganar 100 veces más y perdí la cabeza”, dijo.

Augusto Fernández, en el podcast Offsiders.
- “Hice el colegio en River, crecí en las entrañas del club. En la pensión éramos 36, había solo dos baños, los lunes no había cocina, entonces nos daban una bolsa con sandwich y era tirar ese día… no era como ahora, que los chicos tienen un hotel, pero en ese momento era lo que era y estaba bien para el momento. Crecí y me eduqué en River, sacando lo futbolístico, que es lo más visto, pero sobre todo crecí y me desarrollé como persona”.
- “En el año 2000 me pasó que claudiqué mental y emocionalmente. Había nacido Valentín, mi hermano más chico, que fue una sorpresa porque mi mamá lo tuvo a los 40, y fue una especie como de juguete. Y yo veía que mi hermano más grande estaba y yo no, y eso me empezó a pegar. Ahí yo también empecé a lidiar con un entrenador que tomaba decisiones que no eran lo que yo pensaba o quería, pero era lo que era, y me sentí un poco víctima de la circunstancia, pero justamente lo que hay que aprender es la tolerancia a las frustraciones como no querer o no poder cambiar lo que piensa o quiere un técnico. Hay decisiones que son futbolísticas o tácticas de una persona que quizá no tenía un manejo adecuado, porque a esas edades se necesita que lo técnicos además tengan docencia y esta persona no la tenía”.
- “A mí eso me servió como un veneno que me lo saqué cuando debuté en Primera, porque fue como decir “para vos” y hasta me hacen una entrevista en El Gráfico y me acordé de él, pero después con el tiempo aprendés y tal vez entendí que no estaba lo suficientemente fuerte como para revertir esa situación y que por eso me volví a Pergamino. Pasó que un fin de semana yo estoy un domingo armando mi valija para volver a Buenos Aires. Esos días eran tremendos porque yo estaba con mis amigos, en mi lugar, en el barrio y cuando llegaba ese día yo estaba mirando la hora en la que me tenía que volver porque no quería“.
- “Me acuerdo que un día estaba en mi habitación armándome todo y entra alguien, mi tía o mi mamá, y yo estaba mal, muy mal, cuando en realidad yo normalmente estoy bien, irradio energía y estas eran, pero malas. Y me dice: “No te querés volver, ¿no?”. Y le dije: “La verdad que no”. Ahí me dicen que vamos a hablar con mi papá, que estaba en la cocina y bueno, él siempre tuvo mucho temperamento, por momentos fue muy exigente conmigo en este lado del fútbol, pero no lo suficientemente loco como para ver sufrir a un hijo y que le diga “andate igual”. Y eso para mí fue un alivio muy grande porque mi mamá le dice: “Agus no quiere volver”. Él me mira, me pregunta: “¿No querés volver?”, y yo lo miro y le digo: “No”. Yo ahí tenía 14 años y él me dice: “Bueno, quedate tranquilo. Andá con los chicos abajo”. Estaban mis amigos en la puerta de casa, jugando con mis hermanos, y yo bajo. Lo recuerdo y se me eriza la piel. Me quedé mirando como diciendo ¿ya está? Y mi papá me dice: “Andá tranquilo con los chicos, mañana llamo a River y listo. Vamos a tener que volver para hablar, pero andá tranquilo. Para mí lo importante es que seas feliz”. Ufff, fue una sensación como de sacarme una tonelada de peso de encima. Y bueno, si bien sentí eso, también sentí que claudiqué, acepto que ahí fracasé, pero me duró lo que me duró porque viajamos con mi papá y mi mamá a Buenos Aires, nos reunimos con Rubén Rossi, que recién había asumido como coordinador general de las inferiores”.
- “Cuando nos juntamos, mi papá le dice que me quiero ir, él me pregunta por qué, yo le echo la culpa al DT que tenía en ese momento, que me ponía en una posición que no era la mía y como que él me quería echar sin decírmelo, yo en ese momento jugaba de enganche o media punta, y él me ponía de lateral izquierdo y bueno, lo culpé a él. Ahí Rossi me dice que yo estoy bien valorado en el club, que él recién llegaba y que no le gustaría que un jugador además bien valorado humanamente en la pensión se vaya así porque sí por un técnico, así que le dijo a mi papá que me vuelva a Pergamino, que juegue ahí este año y que a mitad de año y a fin de año ellos me iban a ir a evaluar para ver si seguía o no en River. Voy, arranco el colegio con mis amigos, vuelvo a mi vida, juego en un club de allá y me curtí porque jugaba tanto con chicos de mi edad como mucho más grandes que me acribillaban a patadas. Jugué ese año ahí, volví a mi esencia, a ese olor a ciudad, a pasto, a lo que necesitaba y ya en diciembre le dijeron a mi papá que volviera porque me querían evaluar. Fui a un partido, anduve bien y me dijeron que vuelva en febrero. Ahí me quisieron dar a préstamo a un club filial de River y me acuerdo que al final no me cedieron”.
- “Volví, me volvió a costar, al principio era no jugar y no jugar, fue pelear contra ese pensamiento de volver a desistir y no. Decidí reponerme y enfocarme en jugar y fue así. Al principio la remé, pero terminé jugando con Jorge Theiler, que era el entrenador en ese momento, y ahí no paré más. A fin de año me convocaron a hacer pretemporada con Reserva y bueno, después debuto en Primera en 2006, con 19 años, ahí me quedé y no bajé más”.
De pibe del interior a millonario
“Hasta ese momento tenía contrato de Reserva, pero me estabilicé con Daniel Passarella como entrenador de Primera y él mismo un día me dice: ‘Andá a la oficina que vas a firmar un nuevo contrato’, y me acuerdo que voy y firmo un contrato de profesional que fue una locura“.
Empecé a tener o a manejar un volumen de dinero que no me entraba en mi cabeza y fue difícil porque a partir de ahí entré en una confusión que a veces es poco evitable.
Augusto Ferández y su primer contrato profesional en River Plate.
“Pasé a ganar 100 veces más de lo que ganaba, yo no podía creer. Pasé a ganar muchísimo dinero en nada, en un día. Y me cambió la vida. Empecé a tener o a manejar un volumen de dinero que no me entraba en mi cabeza y fue difícil porque a partir de ahí entré en una confusión que a veces es poco evitable porque yo tenía una buena familia, una familia que estaba conmigo, pero pasé a ganar mucho dinero, pasé a ser una persona pública en un club como River, que es lo máximo, y es como que pasé a tener una trascendencia que en un determinado momento, no sé cuándo pasó, me empezó a consumir. Me empecé a equivocar y en ese equivocar, inconscientemente, por más de que no lo quieras admitir, tu rendimiento empieza a mermar y la gente por ahí te habla, tu gente, la que vale, la genuina, la que siempre está, no los que se suben al barco divertido, te dicen que te estás equivocando y yo les decía ‘no si yo estoy bien, si juego, si entreno’. Entonces como sentía que jugaba, entrenaba y todo, decía estoy bien y no, va mermando tu cabeza y no, ese objetivo que agarraste con tanta fuerza empieza a estar distraído también”.
- “Atravesé ese momento y me acuerdo que en un momento Passarella, que fue el DT que me hizo debutar, me sacó de un entrenamiento y me dijo: ‘Mirame: vos saliste anoche’. Y yo le decía que no y capaz que no había salido, pero él te metía el miedo en el cuerpo porque él se te sentaba al lado para hablarte, pero sobre todo para olerte”.
- “Entonces él me saca en un entrenamiento, me ve como ahogado y me empieza a decir de todo adelante de mis compañeros. Me dijo que había salido, que no había había descansado bien y era verdad, no había dormido bien porque me había comprado mi primer auto porque fue así: con mi primer contrato yo le reformo la casa a mis abuelos, le compro la casa a mis viejos, y pasé de un Fiat 600 modelo 76 a mi primer buen auto, entonces tenía la ansiedad de terminar el entrenamiento para irme a Pergamino y no pude dormir. Entonces Daniel me sacó y me expuso adelante del grupo. Me acuerdo que yo también tenía mi personalidad y sentí que él me faltó el respeto a mí, entonces cuando terminó el entrenamiento voy, le golpeo la puerta, le digo que quiero hablar, él me dice que no hay nada de que hablar y me cierra la puerta. Yo se la abro, le digo que voy a hablar y él se sorprende por cómo me planté. Le dije que sí, que no había dormido, pero porque me había comprado el auto y le dije que no me había gustado cómo me había tratado. Ahí el profe de atrás que era Kohan y Sabella, que trabajaban con Daniel, estaban ahí y desde su lugar me daban señales de que estaba bien lo que estaba haciendo y ahí, antes de irme, le dije: “Cuando usted decida ponerme va a ver que no me saca más”. Cerré la puerta y me fui a Pergamino”.

Augusto Fernández debutó en River con 19 años.
- “Durante todo el viaje me pregunté: ‘¿Qué hice?’. Había pasado un año desde mi debut y de que me sentía establecido en Primera, pero yo igual era un joven, su pupilo. Cuando llego a Pergamino le cuento a mis viejos y mi papá me dice: ‘¿Vos le hablaste con respeto?’, le dije que sí y él me dijo: ‘Entonces no te preocupes’“.
- “¿Qué pasó cuando volví? Passarella no solo no me hablaba. Ni siquiera me miraba. Cuando antes era el que siempre estaba encima mio, me cuidaba. Así me dejó dos o tres semanas sin hablarme, sin ponerme y ni siquiera me llevaba al banco de suplentes. Lo que pasó es que me estaba probando, porque de un momento para otro me convoca, entro al vestuario, miro la pizarra y me veo titular en cancha de River, un Monumental lleno. Y bueno, es como que me tiró la camiseta y me djo: ‘¿A ver lo que me dijiste?’. Y ahí no salí más. Ese fue mi mejor año en River”.
- “Y sí, me he equivocado, pero supe escuchar a mi entorno para equilibrarme a tiempo“.





