“Doblada”, fue el sugestivo título de la Revista River para la contra, tras el bicampeonato logrado en el parque rosarino, el 28/12/75. Es cierto, fue algo más sutil que el bizarro “chupala” del técnico de la Selección Argentina. Claro, era la segunda vuelta que se “comían” en una temporada. Después de los 17 y pico de sequía, el Millo conseguía su segundo título consecutivo en un año, en un ámbito dificilísimo, pero no imposible para aquel equipo espectacular.
River venía de ganarle 1-0 un partido chivísimo de entresemana a Estudiantes en Vélez, una noche en la que el Pato Fillol tuve una actuación memorable. Probablemente una final anticipada en el medio de un fin de año que socialmente comenzaba a hervir. El germen de la dictadura militar ya estaba entre nosotros. Hacía pocas horas que habían bombardeado la base aérea de Morón y habían tomado el Aeroparque. El partido se jugó igual y la Pepona Reinaldi nos condujo a la victoria y, además, a Rosario.
Allí debíamos enfrentar al Canalla en la cancha de la Lepra. Los preparativos para el éxodo millonario fueron tremendos. Como nunca, la “Chicago argentina” se vistió de Rojo y blanco. Los trenes abarrotados, la Panamericana que fue una procesión y los hoteles y los campings desbordados. Con un grupo de amigos tuvimos la suerte de viajar con el viejo de Morete, el goleador del Metropolitano, que nos contó mil anécdotas del primer título del 75. Llegamos a Rosario la noche anterior y Rosario… Rosario era una fiesta…
Las playas de la Florida, el centro, todo un carnaval Rojiblanco. Ni que hablar el Estadio. Más de 30.000 hinchas de River copando las tres cuartas partes del Estadio. La emoción era incontenible. Nunca habíamos soñado ser tan locales tan lejos de casa. El partido fue parejo, sufrido. Arrancamos ganando con un frentazo de Luque a los 18 minutos del primer tiempo. A los 32 nos empata Zavagno y el fantasma del tercer partido contra el Pincha comenzó a merodear.
Promediando el complemento, Angelito echa mano a su talismán. Saca a Pinino y mete a la Pepona Reinaldi. El partido se iba y la angustia crecía. Sin embargo, faltaba la última patriada del Mariscal, la gran figura del partido, que en el último segundo rechaza hacia su derecha y “se le sale el botín”. La pelota que la recibe aquel “monstruo” morocho que fue J.J. López, el pase milimétrico al medio del área y una mancha rubia que se anticipa a todos en el área, pone la punta del zapato y a cobrar.
La Pepona que abre los brazos y el “Mariscal” que con el botín en la mano sale corriendo desaforado a festejar. Una postal inolvidable de aquella noche de cuento. Eramos Bicampeones, allá en el Parque Independencia, donde River se juega una parada brava el sábado. Como para pensar que no hay canchas imposibles si hay equipos con “mística ganadora”.
Imagen: Fotobaires.



