Cuando se navega torcido, vas a terminar perdido en el mar salvo que milagrosamente las olas te lleven a la orilla. Cuando manejás por la banquina y en zigzag seguramente choques de frente contra lo primero que se te cruce, salvo que milagrosamente no haya tráfico o al otro costado aparezca una pradera sin árboles. River está a la deriva en la toma de decisiones, y generalmente en el fútbol todo lo que empieza torcido termina doblemente torcido, y siendo River no podés salir a flote esperando que siempre te salve un milagro, y menos teniendo los mejores recursos al alcance de la mano.

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Está claro que el Chacho Coudet seguramente hoy, mañana o pasado o dentro de poco terminará siendo carne de cañón. Porque en ningún club del mundo se puede perder todos los partidos posibles, y menos cuando llevás a River a la peor racha de derrotas de su historia profesional. Más allá que la solución de raíz nunca puede ser volar un DT cada 4 meses porque sino nos vamos a convertir en ese club de la otra vereda que siempre nos jactamos no ser, hay límites que serán lógicamente imposibles de respaldar y será entendible que el técnico sea el primer fusible a modificar.
Pero tiene que quedar bien en claro que toda la estructura de fútbol que se armó con Stefano Di Carlo a la cabeza como máximo responsable de esta situación le brindaron al DT el peor de los contextos para trabajar. Desde el hecho de traer a un español como Pablo Longoria que nunca fue presentado en sociedad y que no sabemos cómo piensa y cómo ve el fútbol argentino, hasta que nadie tampoco tenga claras las funciones de Enzo Francescoli dentro de la pirámide. Los roles no son transparentes en las cabezas de los que toman decisiones, porque nadie explica nada.
Tampoco tiene razón de ser el hecho de imponer una pretemporada en otro continente sin la cantidad de futbolistas para jugar 11 contra 11, y vos como entrenador aceptarla sin más y atentar contra la puesta a punto más importante de todo el semestre. Y también suena ilógico que se termine de completar el plantel con la mayoría de los jugadores que juegan de lo mismo. Si fuiste a buscar convencido a Tobías Andrada por el gran futuro que tiene, ¿entonces para qué llegó Arambarri que ocupa prácticamente la misma función? ¿Giovanni González es más que Bustos o que Ulises Giménez, al que dejaste ir a préstamo cuando no solo puede ser lateral sino recambio de una zaga que hoy no es confiable?
Y ni hablar del hecho que más profundizó el punto de Quiebre, que fue la impericia de mandar a un predio a 15 tipos para que después de 50 días el tema no esté resuelto, incluso con un caso como el de Kevin Castaño perdido en Colombia como si nada. Está claro que ninguno de ellos va a ser la solución al problema ni nos iba a hacer ganar partidos, pero para tomar una decisión de esa estirpe la solución debía ser lo más instantánea posible. Y en el mientras tanto los que sí forman parte del plantel te miran de reojo por lo que hiciste con el resto, y la totalidad del fútbol argentino se ríe de nosotros nombrando la palabra container para que la bomba de tiempo sea cada vez más grande.
Y en medio de todo este contexto sumamente demencial, el único verdadero 10 que tenía el plantel nos hace un desplante y un abandono que era esperable por sus históricas formas de manejarse a lo largo de su carrera, pero también por un destrato futbolístico realmente incomprensible, donde futbolistas que realmente no le llegan a los tobillos sumaron el quíntuple de minutos en cancha que él, habiendo sido apartado además en las instancias decisivas.

Por supuesto que Coudet se cavó su propio pozo de principio a fin porque sigue apostando en futbolistas que no le rindieron nunca, y es parte recontra fundamental del problema. Porque Rivero está con la confianza por el piso, Martínez Quarta pide suplencia hace siglos, y jugadores como Galván o Colidio no pueden ni van a ser los salvadores ni los generadores de juego que él considera que pueden ser. Sin embargo juegan siempre. Mientras que los mejores como Freitas se mueven en posiciones ridículas que atentan contra su potencial.
Mientras tanto la fórmula dirigencial para intentar sanear esta historia ha sido apelar a los manotazos de ahogado trayendo jugadores de valía cada vez más caros como única solución, y ya las tribunas y el hall del Monumental se hicieron escuchar en contra de ellos como en las épocas más tristes de nuestra historia. Y a la par de todo esto el DT chocó contra todas las banquinas con sus decisiones estratégicas armando un equipo que juega 50 veces peor de sus posibilidades. Una mezcla letal.
River en Salta ante Aldosivi cuando se comió 3 contra un equipo que seguramente va a descender merecidamente este año, y hoy contra Central tuvo 8 suplentes en el banco. Un hecho gravísimo que no ocurre ni en una liga seria amateur a la que vas con amigos y pagás por partido. Una de las tantas improvisaciones indignas que se están viendo en un club que tiene como lema y como convicción volver a dominar el continente, y que está dejando pasar una primavera económica impresionante y pocas veces vista.
Y por todas estas cuestiones es que ya perdemos los partidos por inercia, porque sí. Ante Central jugamos el “menos peor” partido de este comienzo de semestre y merecimos largamente empatarlo, pero igual todos sabíamos que lo ibamos a perder. Porque en las cuestiones de fondo no somos serios, y no tenemos una pizca de suerte porque sinceramente no hacemos méritos para saber buscarla. Todo es una consecuencia de los malos accionares, y la sensación latente es que estas cinco derrotas en fila podrían duplicarse o triplicarse sin que eso nos sorprenda.
Hoy los hinchas tenemos una sensación imposible de explicar, realmente imposible y en algunos puntos casi inédita. Convivir con la certeza de sentir que tu equipo en cualquier momento va a perder los partidos y nunca en la vida los va a dar vuelta es sumamente doloroso. Muchas veces la impotencia y la angustia nos han comido el corazón por la desidia futbolística reinante, pero en aquellos tiempos había una explicación por los flojos planteles y contextos deportivos que te podían llevar a romper todos los récords negativos posibles. Lo que está pasando ahora no se puede entender desde la razón.
Es momento de dejar los silencios de lado y empezar a darle explicaciones sanas y concretas a la gente. Y sobre todo, es la hora de acomodar las estanterías como corresponden desde arriba hacia abajo para que se pueda trabajar en el día a día como Dios manda. Es imperdonable que River tenga que atravesar semejante terapia intensiva teniendo todos los recursos para ser el paciente más saludable de todos. Déjense de joder.





