En la era de las redes sociales todo se maximiza, se magnifica y traspasa límites que en otro momento no se hubiesen vulnerado jamás. Lo que nace como un simple tweet, puede instalarse como una realidad en cuestión de horas. El año de River, a nivel futbolístico, hasta el momento, no está aprobado. No hace falta repasar todos los resultados negativos que se dieron con el Chacho Coudet. El daño está hecho, con responsabilidades compartidas con dirigentes y el plantel, y en esta recta final, los propios futbolistas y Leo Ponzio buscarán zafar del papelón de no disputar una copa internacional en 2027.
Ahora bien, opiniones sobre lo que debe hacer River de cara al próximo año hay muchísimas. Seguramente, si hacemos una encuesta, la misma daría una diferencia abismal a favor de buscar otro director técnico sin importar qué resultados consiga Ponzio en los partidos que quedan. Y si agregamos una segunda encuesta con candidatos, Ramón Díaz se proclamaría como ganador cómodo.
Si la información marca que Ramón Díaz tiene grandes chances de ser el técnico de River a partir de enero, no está mal que de alguna forma se sepa. Lo que sí estuvo mal, no importa desde qué lado haya venido la bala, es lo que ocurrió en los días previos al partido con Belgrano que River terminó ganando 3 a 0: un intento de desestabilización absoluta para con Ponzio. El propio Ponzio sabe que tiene boleto picado, no necesita que nadie se lo diga. Él mismo asumió en su actual puesto de DT interino (ratificado hasta diciembre) como una solución momentánea, un parche, pero eso no quita que tenga que pasar lo que ocurrió.

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Durante casi 48 horas, no se habló de otra cosa que de Ramón Díaz la semana pasada. Incluso se puso como fecha de una hipotética asunción este martes 20 de octubre si River no conseguía un buen resultado en Córdoba. Todo hincha seguramente le abra, en su corazón y en su cabeza, las puertas a Ramón, pero ni de cerca era momento para que su nombre se volviera parte de esa turbulencia en la que navega el club hace meses en materia deportiva.

Ramón Díaz posíblemente sea el DT de River en 2027.
Sabiendo que la intención de la dirigencia (que bastantes errores han tenido a lo largo del año) es que Ponzio culmine el 2026 dirigiendo a River y difícilmente haya un resultado (bueno o malo) que modifique esa postura, que se busque instalar lo contrario desde otro sector (llámese microclima de redes sociales, hinchas opositores, o el título que se le quiera poner) solo le hace daño a River. Sobretodo por la forma ¿despiadada? en la que se lo hizo.

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“Yo nunca le voy a hacer daño a River”, soltó el León en la última conferencia en el Kempes. Y esa frase, si la desmenuzamos o la leemos entre líneas, dice mucho. Se puede traducir o intepretar en un “Yo sé que estoy de paso y que en el corto plazo vendrá un técnico de más renombre, pero mientras yo esté, vamos a tirar todos para el mismo lado y hacia adelante para conseguir los objetivos que tengamos“. Y en esa sintonía es en la que se tiene que mantener River pase lo que pase, esté planificado lo que esté planificado o piense lo que se piense para 2027.
Ojo, no soy ingenuo y las señales están a la vista. El posteo de Emiliano Díaz al explicar por qué rechazaron al Corinthians, el like de Rodolfo D’Onofrio en una publicación referida al tema, el propio Ramón diciendo que espera esa oportunidad de volver a River. Va a terminar pasando, posíblemente, pero ahora no es el momento de desviar el foco de lo más importante que es que en estos tres partidos River tiene que ganar (porque tiene un plantel de 70 millones de dólares apto para hacerlo) clasificar a play offs, salir campeón y entrar a la Libertadores 2027. El hincha no espera menos que eso y está perfecto que así sea.





