¡Bienvenido River! Ya era hora. Esperábamos hace tiempo una actuación como esta. Me refiero a que no solamente ganó en la últimamente adversa Córdoba, sino que ademas recuperó buenas sensaciones, respondió anímicamente en un momento de máxima exigencia y encontró argumentos futbolísticos para volver a ilusionarse. Fue una victoria reivindicatoria, de esas que pueden marcar un punto de inflexión si el equipo consigue darle continuidad y las repite con frecuencia. Ahora deberá evitar que quede simplemente en uno de los tantos amagues de consolidación que hemos presenciado de River en los últimos tres años.
Hay triunfos que solo valen tres puntos, como dijimos después de Estudiantes de Rio Cuarto. Y hay triunfos que, por el contexto, por las circunstancias y por lo que representan, pueden significar mucho más. Pueden ser de quiebre. Lo de anoche frente a Belgrano se vincula y aparenta pertenecer a esa categoría. Porque apareció mucho de lo que veníamos reclamando y que el equipo no nos estaba dando. Ese funcionamiento colectivo. La jerarquía individual de los muy buenos apellidos que tiene este plantel y, sobre todo, una respuesta anímica cuando más hacia falta. River convirtió un partido que, en la previa, prometía ser muy complicado en una noche que terminó resolviendo con autoridad. Y para que eso suceda se dieron estas reivindicaciones…
Noche de reivindicaciones
Vimos a un Ángel Correa, encendídisimo y en un nivel fantástico; al arquero, Santiago Beltrán, respondiendo cuando el equipo lo necesitó y dejando atras algunas dudas; presenciamos el talento de Thiago Almada en maniobras que solo él es capaz de realizar; fue bueno el regreso de Aníbal Moreno, también los aportes de Francisco Ortega y el ya habitual empuje y corazón de Gonzalo Montiel. Como vemos es largo el listado de los nombres propios que estuvieron a la altura de las exigencias reclamadas. Hace muchos partidos que no vemos tantos puntos altos a nivel individual. Es positivo que vayamos encontrando la mejor versión de cada uno de ellos. Con el agregado de que fue una actuación que tambien tuvo, algo que River venía necesitando: autoridad y una idea colectiva que funcionó.

River goleó a Belgrano y se acomodó mejor de cara al sprint final de campeonato.
Y eso no es un detalle menor. Porque no fue una semana sencilla. Después del triste empate en Junín frente a Sarmiento, River quedó envuelto en cuestionamientos, tensiones y situaciones que alteraron la tranquilidad de un plantel y de un cuerpo técnico que venian cuestionados y necesitaban sacar adelante este partido trascendental para apagar todo el ruido que se generó. Por eso, esta victoria tiene un valor especia para ellos. Porque fortalece a Leo Ponzio y reivindica a varios de los jugadores que venían por debajo de sus niveles verdaderos. Y porque dio la cara en un escenario exigente, frente a un Belgrano que se hace fuerte como local, que tiene buenos futbolistas y que cuenta con un entrenador que trabaja bien a su equipo. Sabemos de que hablo. Lo sufrimos en carne propia hace un par de meses cuando dejamos escapar increiblemente una oportunidad clara de volver a ser campeones. Por eso no sé si River llegaba a Córdoba con la chapa de favorito. Tampoco sé cuántos podían afirmar con plena seguridad que el equipo iba a conseguir una victoria tan redonda. Ayer ganó, gustó y goleó como marca la historia.

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Lo que sí sé es que había mucho en juego. Una derrota podía haber desatado otra tormenta, con días de incertidumbre y una nueva escalada de cuestionamientos. Por eso River entendió el partido. Lo jugó con personalidad y encontró respuestas sólidas para hacerse cargo y resolver favorablemente una noche brava, caliente y determinante. Por eso hablo de reivindicación. Porque el equipo ganó como nos gusta a nosotros. Convenciendo y sin dejar dudas. Una victoria vacía de argumentos no hubiese representado lo mismo que esta en la cual mostró una versión que permite recuperar la confianza. No tengo dudas que fue el mejor partido de River en el campeonato. Y lo digo porque hoy aparecieron señales para pensar que este equipo tiene con que. Que podemos abrazar alguna expectativa. Si los jugadores de River juegan como marca sus condiciones y trayectoria, siento que tenemos posibilidades y podemos empezar a construir una ilusión para lo que viene.
Punto de partida para la recta final
Ojo. No hay que pasar de un extremo al otro. Así como no correspondía disimular los errores y las malas actuaciones anteriores, tampoco sería razonable creer que una noche alcanza para resolver todos los problemas. De hecho defensivamente volvimos a mostrarnos vulneables especialmente en el juego aéreo. La victoria se disfruta, se valora y se celebra, pero también debe repetirse. No sirve que quede en partidos aislados. Que lo de ayer sirva como punto de partida. River ya nos mostró en varias oportunidades que puede arrancar bien y desinflarse dos o tres partidos después. Por eso, el desafío ahora es sostenerlo, repetir los rendimientos individuales y consolidar un funcionamiento colectivo que le permita competir con la ambición que exige su camiseta. Hay que revalidarlo en el próximo compromiso frente a Racing. Y por supuesto en ese duelo especial que es el Superclasico. El partido del orgullo para los hinchas que están siempre. Los que acompañaron en Córdoba, los que estuvieron en Junín y los que llenan las tribunas cada vez que River los necesita. Esa gente que alienta y que nunca deja de esperar una señal del equipo que le repare esa ilusión tan abollada.
Todavía hay vida y esperanza. Después de mucho tiempo, River ante un rival complejo volvió a mostrar razones concretas para creer. Disfrutemos. Valoremos la victoria y la reivindicación de un equipo que necesitaba reencontrarse consigo mismo. Sin triunfalismos, pero también sin miedo a ilusionarnos. Porque quizás, en Córdoba, haya sucedido algo más importante que una buena actuación. Tal vez River se quitó por fín la mufa, sus inseguridades y siente que encontró el rumbo para poder ser el equipo esperado que hasta ahora no vimos. Ojalá se haya despertado River de una vez por todas. Porque de ser así, ustedes y yo sabemos lo que puede llegar a pasar cuando un buen River se despierta.





