Concluyó el semestre y es la hora de hacer el balance. River termina redondeando unos seis meses teñidos de gris, un poco más lejos del negro del semestre anterior, pero también bastante alejado del blanco que una institución como la de Núñez debería tener.

Repasando a groso modo podemos decir que el Millo realizó un Clausura en el que casi dobló el puntaje obtenido en el pasado Apertura y que volvió a realizar una Copa Libertadores pobrísima con otra humillante eliminación. Eso dicen los fríos –y siempre contundentes- números. Suena a poco. Efectivamente lo es, tratándose de River Plate.

Al analizar la Libertadores no hay manera de creer que los fríos números son duros. Repasemos, River ganó, de los seis juegos que disputó, sólo dos en condición de local. Uno de ellos de casualidad y el otro estando ya eliminado. El restante fue un empate en cero ante uno de los semifinalistas de la competencia, también en el Monumental. En condición de visitante pasó vergüenza. Perdió con la San Martín, fue derrotado por goleada ante Nacional y, quizás lo peor del semestre, fue eliminado y humillado en Paraguay ante un equipo eliminado. Sí. E-li-mi-na-do.

El clausura no lo ganó y hay que tener en consideración que a River le duró poco el discurso de los dos campeonatos. En abril ya estaba luchando solo por el Clausura. El equipo de Gorosito hizo mejor campaña que Boca, Independiente y San Lorenzo, pero solo le ganó al Rojo. Empató con Boca (ningún mérito a la luz de los números de los bosteros), y cayó vapuleado ante San Lorenzo.

En contrapartida, el equipo perdió contra Racing (que además hizo mejor campaña que el Millo), no le pudo ganar a Vélez ni a Lanús, y Huracán le dio una lección de fútbol. Además, se encargó de desperdiciar una por una las chances que el torneo le dio para pelearlo, a saber: San Lorenzo, Vélez, Racing, Gimnasia de La Plata, Lanús y Newell’s. Todos empates o derrotas. Así no se puede.

A la hora de hablar de los jugadores, lo bueno marca que Daniel Vega demostró que puede ser el arquero, que Lucas Orban es un buen proyecto (y eso que recién apareció en la fecha 15º), que Mauro Díaz es un tipo que juega sencillo y bien, y que Marcelo Gallardo tiene la calidad intacta, aunque deberá luchar -y ganar- su batalla contra las lesiones.

Los que quedaron en deuda son muchos más. Nicolás Sánchez y Gustavo Cabral fueron de las peores duplas de centrales del campeonato. Nicolás Domingo no pudo mostrarse como reemplazo para Ahumada. Fabbiani habló mucho más de lo que jugó. Falcao pura entrega, pocos goles. ¿Abelairas y Rosales? ininputables.

Ahora, el futuro nos presenta dos frentes de nuevo. En la Copa Sudamericana se viene Lanús, el mejor equipo de la temporada. En el Apertura estará el desafío de ganar un torneo que a River siempre le cuesta horrores. Para hacerlo deberán mostrar más el Ogro y el Muñeco. Deberá volver bien Ariel Ortega. Deberán darle rodaje a Orban y traer tres o cuatro refuerzos (no menos) que aseguren más que correr, sabiendo que algunos de los que vinieron con el cartelito de “refuerzo” a veces ni siquiera aportaron eso.

Era imposible repetir lo hecho en el Apertura, lo difícil viene ahora. Cuando este grupo de jugadores, este cuerpo técnico y está dirigencia, en franca retirada, intenten demostrar que, al menos una vez, estarán a la altura. El gran cambio sabemos y esperamos que sea en enero del año que viene. Pero ojo, porque en el medio quedan seis meses. River ya regaló demasiado y los hinchas con Papá Noel solo quieren tener en común los colores, no vaya a ser cosa que tengamos que empezar a mirar otra tabla.

Imagen: FotoBaires.