Ariel Ortega demostró con creces que la nueva chance que le da Diego Maradona en Argentina está bien merecida. El ídolo se cargó el equipo al hombro y fue clave en el funcionamiento de River para lograr un nuevo triunfo en el Monumental.

Hábil, movedizo, con ese quiebre de cintura tan característico, que lleva su marca. El Burrito jujeño fue uno de los puntos altos del equipo de Angel Cappa y levantó a todos los hinchas con esos arranques, frenadas y amagues.

A lo largo de los 90 minutos era un clásico ver que la pelota pasara por sus pies en campo rival. Así llegaron varias jugadas de peligro y el empate de Paulo Ferrari, quien le puso el moño a una asistencia lejana del 10.

Ortega regaló tacos -éstos no fueron atroces- y fue emblema de la victoria de River. Ahora, esperará más tranquilo y con confianza el partido del 5 de mayo que Argentina jugará ante Haití, y en el cual él volverá a vestir esa otra camiseta que lo puede y por la que es capaz de sacar fuerzas de donde no tiene.