Además de soportar maltratos policiales, accesos insuficientes y abonar precios insólitos por su entrada, el hincha de River podría pagar aún más caro el operativo inescrupuloso del domingo pasado en Vélez en caso de que el ministerio de Seguridad adopte medidas en general y no en contra de los verdaderos responsables de los incidentes.
El pensamiento fue casi unánime: no bien se suspendió el partido, el temor por una nueva sanción polarizó a todo el Mundo River, que justo volvía a tener en el Amalfitani toda una cabecera a su disposición. Es que en los últimos tiempos, se hizo costumbre que los organismos de Seguridad le apliquen al socio e hincha riverplatense las imponderables medidas “ejemplificadoras” de los diferentes gobiernos de turno.
En especial, porque como consecuencia de la actitud completamente repudiable que tuvieron algunos pocos se podría volver a perjudicar a todos. A aquellos que además de sortear una reserva online insólita y precios de entradas excesivos (¿200 pesos por una platea en la cabecera?), también tienen que soportar el maltrato policial en las adyacencias del estadio, un único acceso para más de 8.000 personas y las clásicas comodidades de toda tribuna del fútbol argentino.
En la entrada del Amalfitani, la Policía sometió a la gente de River a sus típicos embudos que con la acumulación de hinchas y el correr de los minutos siempre termina en corridas, empujones y la Infantería amenazando (en el mejor de los casos, claro) con repartir palos sin miramiento alguno.
Luego, ya pasado ese vallado, llegó la demora que implicó el único acceso disponible para los más de 8.000 hinchas que fueron a Liniers. ¿Acaso Vélez no es el club modelo y a River se le exigen más y mejores accesos para todos y cada uno de los sectores del Monumental? Como se explica además que el presidente de Vélez declare públicamente que solo entregó 4.700 entradas para la parcialidad visitante y la popular haya tenido el doble de gente.
¿Eso también es responsabilidad del hincha? Aunque lo más llamativo aún resulta saber de dónde surgió el remanente de localidades restante y de qué manera se vendió. Porque el socio de River volvió a tener las mismas dificultades de siempre para poder conseguir una popular…
Y como si todo ello fuera poco, el hincha genuino, el que sufre todo este tipo de descontrol en cada operativo de Seguridad, también podría tener que responsabilizarse de que una persona, solo con su mano, haya podido desenroscar la tuerca de un alambrado en cuestión de segundos o de esos tres infelices que rompieron las butacas por las que Vélez exige hoy como 30.000 pesos.
¿En dónde están las cámaras de Seguridad y los circuitos de control por los que los clubes deben desembolsar fortunas? ¿Por qué Vélez cuenta con un alambrado perimetral de condiciones tan precarias? ¿Hasta cuándo van a seguir con las medidas absurdas que perjudican a todos menos a los verdaderos responsables, que los hay de un lado y del otro, con y sin uniforme? Una bandera más, una bandera menos, nunca hizo a la cuestión.