El volante tuvo la chance de jugar por la fiebre de Aguirre y lo hizo como mediocampista por la izquierda, pero una vez más fue puro nervio y choque y continúa sin poder convertirse en el generador de juego que River necesita.
Manuel Lanzini fue la sorpresa en el equipo. Martín Aguirre amaneció con fiebre y al juvenil le tocó volver a la titularidad como volante por la izquierda.
Pero, como en la gran mayoría de sus partidos, el nerviosismo le ganó a la habilidad y no pudo desequilibrar.
Puro choque y malas resoluciones de quien usa la diez y debe convertirse en el generador de juego, más aún cuando el referente -Leonardo Ponzio- no está teniendo una buena tarde.
En el segundo tiempo se corrió para el medio y jugó de enganche, su puesto natural. Pero fue más de lo mismo: imprecisión, siempre yendo para adelante en vez de parar la pelota y pensar.
Es cierto, sólo tiene 19 años, pero van 11 fechas del campeonato y River no puede esperar a nadie. El Superclásico está a la vuelta de la esquina y el Millonario todavía no encontró al creador de juego que prometía ser Lanzini desde que volvió de Brasil.