(Incluye video) El arquero de River atajó un mano a mano a puro reflejo que hubiera significado el 0-2, un resultado muy difícil de remontar. Se ganó los aplausos de todo el Monumental, que valoró el esfuerzo de quien ya es el dueño del arco más grande del mundo.

Catorce minutos del segundo tiempo. River, desconcertado, intentaba recuperarse del duro golpe que significó el gol de Donati. Pero otra preocupante distracción en el fondo dejó a Leguizamón mano a mano en el vértice derecho del área millonaria.

El delantero de Tigre encaró hacia el arco y amagó con pegarle para después intentar esquivar al arquero. Pero Marcelo Barovero tuvo la atajada del partido.

A puro reflejo e intuición, Trapito adivinó la intención del delantero y se quedó con la pelota, mientras todos los hinchas de River contenían la respiración.

Instantáneamente, los aplausos bajaron desde las cuatro tribunas del Monumental, mientras el arquero era atendido por un golpe que le dio el delantero al pasar.

Barovero no tuvo demasiado trabajo, pero esa tapada fue vital para que La Banda siguiera con chances. Un 0-2 hubiera cambiado los planes del partido; Tigre se hubiera metido mucho más atrás y entrarle hubiera sido complicado.

Sin responsabilidad en los goles, Barovero volvió a mostrar seguridad en los centros, quizás su mayor defecto. La evolución del arquero desde que llegó es notoria, y se adueñó de un puesto que no tuvo un dueño definido durante varios años.