A 30 años de su fallecimiento, Revista 1986 realiza un emotivo homenaje al máximo ídolo millonario, Ángel Amadeo Labruna. El increíble proyecto de la estatua en su honor y un recorrido por sus goles y su historia. Opinan Rodolfo Talamonti y Sebastián Srur.

En pocas semanas, el Mundo River se verá obligado a realizar un necesario revisionismo histórico. Llegarán jornadas de recuerdo y aniversarios que obligarán a más de uno, a recurrir a los libros de la historia millonaria para poder entender qué hay detrás de ese tan mentado “gen riverplatense”. En septiembre, todos hablarán de Ángel Amadeo Labruna, el máximo ídolo de River Plate.

“¿Cuándo hacemos un número homenaje a Labruna? Nos debemos la tapa de Angelito”. El planteo surgió en la redacción de Revista 1986 y finalmente, llegó la hora. El 19 de septiembre se conmemorarán 30 años de la muerte de Labruna. Su partida -hasta hoy recordada con tristeza- fue en el año 1983. Pero no todo será un amargo recuerdo. También, en septiembre se festejará el “Día Internacional del Hincha de River Plate”, fecha anotada en el calendario para el 28 de septiembre, día en que Angelito llegó al mundo en 1918. Sin dudas, éste será “el mes de Angelito” y todos los hinchas de River se reservarán un instante para recordarlo con una sonrisa de gol. Algunos ya se hicieron eco de las iniciativas que buscan confeccionar una estatua de bronce, otros dibujarán una vez más su tan característico rostro para sellarlo en alguna bandera que vista al Monumental con los trapos de sus glorias.

“Angelito tenía el gol en la sangre”

Por Rodolfo “Tala” Talamonti – Ayudante de campo de Ángel Labruna

Labruna apostó por muchos chicos, como J.J., Morete, Merlo, Alonso, Comelles y todos le dieron resultado. El de 1975 era un equipo totalmente ofensivo, en la defensa se quedaban Perfumo, Héctor López y Merlo, los demás todos iban al ataque. Así era Angelito, tenía el gol en la sangre. Siempre salía a ganar, nunca a buscar un empate, por ahí se ganaba 3 a 2 pero se hacían dos, tres goles por partido.

Angelito me llevó a Rosario Central y fui el primer ayudante de campo del fútbol argentino. Les dijo a los dirigentes que le iba a medir a los rivales y que observaría a los pibes para hacerlos subir a Primera, así los convenció. Ahí empecé mi carrera al lado de él y sigo al lado de él aunque esté en el cielo. Cuando vinimos a River en 1975, no me querían contratar porque el cargo no existía. Los primeros seis meses Angelito pagó mis viajes y estadías en los hoteles, todo de su bolsillo. Luego, con el título, todo cambió. Muchas veces cuando estoy solo pienso en él y me doy cuenta de que su figura es algo imborrable en mi mente.

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La tapa de Revista 1986: