La crisis de River no tiene fondo. Otra vez volvió a perder en el Monumental ante el mínimo esfuerzo del rival y acumula cuatro partidos seguidos con derrota y sin anotar goles. Lo mejor de la tarde-noche en Núñez fue el regreso de Ariel Ortega, el único que intentó jugar a algo.
Como la peor de las pesadillas, el Millonario se arrastra por cada cancha en cada partido, sin una idea fija de juego, sin llegadas de gol y con errores alarmantes en defensa que siempre cuestan caro. Esta vez fue el turno del golpeado Newell’s, al que le alcanzó una llegada para derrumbar a River y llevarse los tres puntos.
Como se ha dicho varias veces, el equipo de Leonardo Astrada se cae a pedazos ante el más mínimo golpe. Si no es capaz de encontrar el camino con el 0-0, menos lo va a hacer cuando se encuentra abajo en el marcador. Ya no hay sistemas tácticos y jugadores para probar: nada funciona, se sigue perdiendo.
La idea de que todavía queden varios partidos hace pensar en el peor de los futuros, con un cúmulo de jugadores que parecen no caer en lo que está pasando. Tres partidos perdidos en el Monumental, cuatro seguidos con derrota y sin anotar goles hace que los hinchas se frustren, a pesar de llenar una y otra vez cada tribuna.