Este presente de River es una verdadera película de terror. Asusta, pero lamentablemente no a los rivales. Nos da miedo a todos nosotros. Nos aterra pensar que esta puede ser la realidad del equipo que tenemos. Que lo observado hasta ahora se mantenga de esta forma y dure hasta fin de año. Esta pésima racha se estira y parece que nunca se corta. Cuarta derrota consecutiva. Perdemos siempre y además jugamos mal. Combo nefasto. No hay un solo aspecto positivo al cual aferrarnos. Al contrario: cada partido empeora un poco más. Nuestra angustia crece al mismo ritmo que la preocupación. La decepción es grande. Ya no queremos perder más.
No es natural esta situación lamentable que nos toca atravesar. No estamos acostumbrados a comernos una trompada cada semana. Más de 15 años pasaron para que se pierdan cuatro partidos consecutivos por torneos de AFA. Belgrano, Aldosivi, Barracas y ayer Gimnasia. Y puede ser peor. Estamos a una sola derrota de marcar un record negativo histórico, que solo sucedió en el año 1905. Época de nacimiento y fundación reciente, donde River todavía no era River. Algo parecido a lo que pasa ahora en este 2026. Esto no es River. O mejor dicho, no puede ser River. Nada que ver con nuestra habitual e incomparable grandeza. Los rivales con los que fuimos perdiendo, para un River normal y comun hubiesen sido ganables. Hoy caemos con cualquiera y lo que es más grave son las formas. No hay una sola derrota que podamos considerar injusta. En todas nos ganaron bien y nos superaron. Se sintieron cómodos y se nos animaron, cuando lo lógico es que la pasen mal y sufran por el solo hecho de tenernos enfrente. Ni siquiera hicimos figura a los arqueros contrarios. No pateamos al arco, no apretamos ni sometemos a nadie. Nos van dejando de respetar y eso es imperdonable con esta camiseta.
River se desmorona
Si hablamos de fútbol, River esta preso de lo peor que le puede pasar a un equipo. No tiene funcionamiento colectivo ni tampoco individualidades desequilibrantes. En ese contexto es imposible aspirar al éxito deportivo. Vivimos un proceso lleno de incertidumbre que pone absolutamente todo en duda y permite la discusión en cualquier aspecto a debatir. Aquí la única certeza comprobada es que las decisiones que va tomando el DT no logran mejorar esta realidad y que el flojo rendimiento individual de los jugadores nunca nos salvan. River se desmorona sin encontrar su salvador dentro de la cancha. Se perciben ataduras y temores a la hora de jugar. Nadie arriesga ni asume el compromiso de realizar lo distinto. Lo que siempre pidió esta camiseta. No hay personalidad ni audacia para tomar decisiones con la pelota. Los grandes no responden, los refuerzos tienen que acomodarse y los pibes dan la cara, pero no pueden llevar la pesada mochila de hacer que el equipo funcione.
Eduardo Coudet, superado por el desafío
Eduardo Coudet empieza a ser mirado de reojo por los hinchas. Su estilo fue efectivo en el inicio, pero luego se fue desinflando ante la ausencia de una línea de juego afianzada que pueda garantizar el rendimiento deseado. El desafío de armar un gran equipo lo va superando. Su idea no funciona y parece no ir de la mano con el paladar exigente de los hinchas. Se apunta a la intensidad física antes que al talento. Se busca el esfuerzo y sacrificio por encima de la creatividad y el juego fluido. El Chacho pidió públicamente más refuerzos. Seguramente buscando en ellos el fútbol que desde su trabajo hasta ahora no pudo ni supo darle al equipo. A su favor lleva solo cinco días trabajando con el plantel completo. Nico Otamendi llegó despues del Mundial y Ángel Correa 24 horas antes del debut. Las otras incorporaciones no hicieron pretemporada y no estan plenos. Eso se nota especialmente en los atacantes Lucas Beltrán y Rafael Borré. Tiene afuera por lesión a dos referentes suyos como son Aníbal Moreno y Sebastián Driussi. Y todavía no pudo sumar ese volante creativo que viene reclamando. El sueño ubica a Thiago Almada, Franco Mastantuono o Esequiel Barco como principales candidatos, pero ninguna operación es sencilla y la resolución se demora. Apenas van dos partidos, pero Coudet ya sufre el acumulado. Tanto propio como ajeno. El fastidio y la decepción por estos años de fracasos comienzan a caer sobre sus hombros, aunque algunos no lleven su nombre.
Los responsables
Dicho esto, no solo el Chacho, a quien todo lo mencionado no le justifica este arranque tan perdedor, es el único responsable. Los dirigentes también tienen su culpa. Es cierto que no pueden hacer goles ni evitarlos, pero no han logrado acertar con sus políticas de compras ni su proyecto deportivo. Nunca se logró armar un gran plantel. Se gastó mucho dinero como para que River siga sin una base o estructura ya afianzada. Se trajeron jugadores sin jerarquía pagando pases y contratos millonarios. En el mercado actual continuan faltando características necesarias para el diseño de un equipo completo y competitivo. Se pasó de un modelo de gestión en el cual se entregó al DT la llave del fútbol, a este método donde se contrató un director deportivo extranjero para que tome decisiones sin conocer a fondo la idiosincrasia de este club y nuestro país. La estrategia de traer a préstamo para evaluar primero y pagar después apenas duró un semestre. Solo en este libro de pases se llevan gastado mas de 35 millones de dólares y la cifra superará los 55 si cierran los refuerzos pendientes. Se cometió un error al actuar pensando en quedar bien con esa tribuna enojada que pidió a gritos que se vayan todos, sin pensar en la desvalorización del patrimonio y el problema interno que pudo generarse al borrar masivamente a tantos jugadores. Igualmente aquí abro un breve paréntesis ante tanto comentario oportunista, de periodistas que hoy disfrutan de ver a River con problemas y se ponen hablar indignados un mes después sobre este tema con el único deseo de agigantar la crisis. Según mi analisis, los futbolistas marginados no representan una solución para este mal presente futbolístico. Ninguno sería titular en este equipo, ni le daría el salto de jerarquía necesario. Vincular esta actualidad a esa decisión, me suena incorrecto. El cuestionamiento para esta medida debe ser mas patrimonial que deportivo. Hay jugadores a los cuales River les dio muchos y ellos no le devolvieron nada.
Un camino dirigencial peligroso
Es obligación de Stefano Di Carlo y su mesa chica completarle el plantel al DT y respaldarlo en este mal comienzo. De ninguna manera River puede tener tres entrenadores en un mismo año. No es prolijo, ni tampoco es serio. Empezar a cuestionar y debilitar a Coudet puertas adentro para justificar los errores o disminuir las responsabilidades parece ser un camino dirigencial peligroso. Es necesario lograr una estabilidad anímica en estos días y no gestionar bajo emoción violenta. River necesita evitar el caos y conseguir un poco de paz.
Lo que viene
La paciencia se acaba y el margen de error cada día es más pequeño. Por eso es fundamental trabajar a conciencia. Que de verdad haya una autocrítica que los sacuda y los despierte. Es momento de que los jugadores entiendan la camiseta que estan usando, que el cuerpo técnico labure el doble para cambiar derrotas por triunfos y que los dirigentes se unan para manejar con seriedad el destino de este club enorme y prestigioso. Se viene un Monumental caliente contra Rosario Central. La gente irá a alentar, pero también a manifestar su enojo. Se respirará exigencia y deberan estar a la altura. No será un día para tímidos o cobardes. Es el momento de ser valiente dentro del cesped. El que sufra la presión que se corra. No se puede seguir perdiendo. A ver si nos entendemos que llegó el momento de empezar a ganar.
